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BUENOS Y MALOS TIEMPOS

BUENOS Y MALOS TIEMPOS

Alcanzar el éxito es el anhelo de todas las personas. Con ese propósito, utilizan todas sus capacidades y talentos adquiridos o desarrollados a lo largo de sus vidas, ya que en su ignorancia piensan que sus habilidades y destrezas son más que suficientes para alcanzar sus metas y sus propósitos personales. Pero la realidad es que no siempre las capacidades y las destrezas que los hombres puedan tener, son garantías para que alcancen el éxito añorado, ya que, en este mundo, puede haber personas con menos capacidades y destrezas que alcancen la fama o la gloria más rápido que las personas con más talentos. Bajo el sol, cada persona tiene momentos buenos y momentos malos para alcanzar el éxito: Esta afirmación fue realizada por el rey Salomón, hace miles de años atrás. El sabio escribió: “Me fijé que en esta vida, la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos.” Eclesiastés 9:11 NTV.

Aunque parezca ilógico, las afirmaciones realizadas por Salomón son correctas, ya que en este mundo, el éxito no siempre es reservado para las personas más capaces. Esto es claro y evidente, pues no siempre gana la carrera el corredor más rápido. Ni ganan siempre la guerra los soldados más fuertes y valientes. Al igual, los más sabios no siempre disfrutan de los mejores manjares existentes en el mundo. Los más listos no son siempre los que tienen más riquezas y los más dotados no siempre llegan a la presidencia. Los malos y los buenos tiempos llegan a las personas por igual, en los momentos más inesperados, y sin hacer diferencia si tienen cualidades sobresalientes o no para ser merecedores de la fama y la gloria. Tiempo y ocasión son factores que juegan un papel importante al momento de alcanzar el éxito y el fracaso.

Para nadie es fácil aceptar que el más rápido o el más fuerte no gane, ni tampoco que el sabio pase hambre y menos aún que los inteligentes no sean recompensados con riquezas y honor. Cuando vemos casos similares a estos, pensamos con justa razón, que la vida bajo el sol es injusta, y por supuesto que es así, pero la vida en este mundo no siempre fue injusta, se volvió injusta, cuando el pecado hizo su aparición en el corazón del hombre. El pecado torció la vida, haciendo de ella todo lo contrario a lo que fue el propósito de Dios al crear este mundo. Como cristianos, debemos estar preparados para afrontar los buenos o malos tiempos, con un corazón dispuesto para agradecer a Dios por el tiempo que nos toque vivir, pues sabemos que la voluntad de Dios siempre es agradable y perfecta para nuestras vidas.

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