Jesus Is Life

DIOS NO SOPORTA EL PECADO

DIOS NO SOPORTA EL PECADO.

JEREMÍAS 9:3 Mi pueblo encorva sus lenguas como arcos para lanzar mentiras. Se rehúsan a defender la verdad; sólo van de mal en peor… 4 ¡Cuidado con tu vecino, ni siquiera confíes en tu hermano! Pues un hermano saca ventaja de su hermano, y un amigo calumnia a su amigo. 5 Todos se engañan y se estafan entre sí; ninguno dice la verdad. Con la lengua, entrenada a fuerza de práctica, dicen mentiras; pecan hasta el cansancio. 6 Amontonan mentira sobre mentira y rechazan por completo reconocerme, dice el SEÑOR. 9 ¿No habría de castigarlos por eso? dice el SEÑOR. ¿No habría de tomar venganza contra semejante nación?. NTV.

La desobediencia de los hijos hacia sus padres, se ha vuelto algo común en la sociedad actual, pues muchos padres han perdido el control y autoridad sobre sus hijos. Esto se debe a la falta de disciplina de los padres a los hijos a temprana edad. Muchos padres cuando sus hijos son pequeños, dejan pasar por alto sus berrinches o caprichos, sin ninguna clase de amonestaciones, o incluso, dejan que ellos se comporten como bien les parece, pensando erróneamente que con el tiempo van a mejorar su comportamiento. Dejar que los hijos desde pequeño se comporten caprichosamente sin ninguna clase de disciplina, es un grave error que cometen los padres, pues a la larga, esto hace que los hijos pierdan el temor y el respeto que deben tener hacia los padres. Sin ninguna clase de control, los hijos se convierten en adultos irresponsables, injustos, deshonestos y mentirosos, capaces de estafar a sus amigos, incluso, hasta a sus propios familiares. No sienten remordimiento al practicar toda clase de maldades, ya que no tienen temor de Dios.

El pueblo hebreo se había pervertido a tal grado de que sus lenguas, como cual arco encorvado, lanzaban toda clase de mentiras, o calumnias contra sus semejantes. Se rehusaban a defender la verdad y la justicia que Dios les había encomendado, ellos iban de mal en peor. En toda la sociedad hebrea, no había ni siquiera una persona en quien confiar, pues todos se habían pervertido. Ni los lazos familiares eran tan fuertes como para impedir que los mismos hermanos se sacaran ventaja del uno del otro para cumplir sus ambiciones. Incluso, los amigos se calumniaban entre sí, buscando sus propios beneficios. Todos se engañaban y se estafaban entre sí; ninguno practicaba la rectitud, verdad y justicia. El pueblo se había hecho experto en el arte de la mentira y la práctica del pecado.

Con la perversidad albergada en su corazón, el pueblo amontonaba mentira sobre mentiras y rehusaban por completo reconocer al eterno Creador como su único Dios verdadero. Frente a este comportamiento perverso de su pueblo elegido, el eterno Creador, no iba a quedarse con las manos cruzadas, viendo tranquilamente como su pueblo caminaba a su completa destrucción. Dios por su amor y misericordia, estaba dispuesto a intervenir y así, tratar de que su pueblo volviera a los caminos trazados por Él. Pero antes de tomar alguna acción contra Judá, el Señor preguntó a Jeremías, su fiel siervo: ¿Qué si no habría de castigar a Judá por sus acciones reprochables?, ¿Qué si no habría de tomar venganza contra semejante nación que rehúsa vivir en obediencia a Mis mandatos, leyes y decretos? Dios tenía todos los argumentos para disciplinar a su pueblo, que ni siquiera Jeremías podía objetar alguno de esos argumentos para frenar la disciplina que se aproximaba sobre sus compatriotas.

Queridos hermanos. El eterno Creador, no soporta a las personas mentirosas, no soporta a los que le claman por interés, no soporta la falsa amistad, no soporta las palabras de bendiciones falsas hacia otros. Mucho menos que rehúsen reconocerlo como el único Dios verdadero. Dios en su justicia, promete castigar a todos aquellos que persistan en vivir bajo el dominio del pecado. La muestra de Su justicia fue visible cuando derramó su ira sobre su pueblo rebelde, cumpliendo de esa manera las advertencias que les había enviado por medio de sus profetas, porque el pueblo rehusó apartarse del pecado. Hermanos. No esperemos a que Dios envié una disciplina sobre nuestras vidas para apartarnos definitivamente del pecado. Dejemos atrás la mentira, la calumnia, la estafa, el engaño y todo pecado que nos aleja de una adecuada relación con nuestros semejantes y con Dios mismo. Escuchemos las advertencias y aprendamos de los errores que cometió el pueblo escogido en el pasado. No seamos necios, ni insensatos, empecemos a llevar una vida bajo la voluntad de nuestro amado Señor.

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