Jesus Is Life

ADULTERIO Y PROSTITUCIÓN.

JEREMÍAS 3:6 Durante el reinado de Josías, el SEÑOR me dijo: ¿Te has dado cuenta de lo que ha hecho la caprichosa Israel? Como una esposa que comete adulterio, Israel ha rendido culto a otros dioses en cada colina y debajo de todo árbol frondoso. 7 Yo pensaba: “Después de haber hecho todo esto regresará a mí”… 9 Israel no lo tomó en serio y no le parece nada fuera de lo común cometer adulterio al rendir culto a ídolos hechos de madera y de piedra. Así que ahora la tierra se ha corrompido. 12 Por lo tanto, ve y dale este mensaje a Israel. Esto dice el SEÑOR: “Oh Israel, mi pueblo infiel, regresa otra vez a mí, porque yo soy misericordioso. No estaré enojado contigo para siempre. NTV.

En los círculos cristianos, la prostitución y el adulterio, son repudiados enérgicamente, debido a que estos pecados; son considerados como los más graves que una persona puede cometer. Siempre que el creyente piensa en la prostitución o en el adulterio, piensa en las relaciones sexuales ilícitas, pero estos dos términos en las Sagradas Escrituras, no solo se refieren a las relaciones sexuales ilícitas entre un hombre y una mujer, sino que va más allá. Se refiere también a las prácticas no éticas dentro de su creencia religiosa. El creyente prostituye su devoción a Dios, o comete adulterio, cuando su fe y devoción no solo es al eterno Creador, sino también a otros dioses creados por manos humanas. Incluso, si el creyente tiene algo en su corazón que está ocupando el primer lugar que solo le corresponde al único Dios verdadero, está cometiendo adulterio. Y si tiene varias cosas que ocupan el primer lugar en su corazón, se está prostituyendo.

Durante el reinado de Josías, la religiosidad del pueblo hebreo se había contaminado en gran manera. Los reinos de Judá e Israel, habían adoptado la adoración a los dioses paganos de las naciones que les rodeaban. Estos reinos, como las mujeres caprichosas y adúlteras habían abandonado la adoración al único Dios verdadero, y empezaron a adorar a dioses hechos por manos humanas, dioses de madera y piedra que no tenían vida, ni poderes para brindar cualquier ayuda en momentos que sus adoradores les necesitasen. Pero a Israel no le había importado nada de eso, pues adoró y veneró a esos dioses inertes, rindiéndoles cultos en cada colina del reino y debajo de todo árbol frondoso. Israel había pasado de tener a un único Dios a tener muchos dioses. El pueblo escogido se había comportado como una prostituta que no se satisfacía con tener a un único Dios, sino a muchos dioses.

El eterno Creador pensó que después de este comportamiento reprochable que había manifestado Su pueblo elegido, regresaría arrepentido a sus brazos, pero no fue así. Ya que Israel no tomó en serio esas acciones reprochables, no le pareció nada fuera de lo común cometer adulterio y el rendir culto a los ídolos hechos de madera y de piedra. Esta misma actitud tienen muchas personas en el presente, pues para ellas, no es nada fuera de lo común, tener ídolos y adorarlos como si fueran dioses. Israel con su idolatría, había corrompido todo el territorio que Dios les había entregado como posesión perpetua.

Pese a la actitud de su pueblo, el Señor todavía los amaba y quería que ellos volvieran a sus brazos, por eso, pidió al profeta Jeremías que llevase su mensaje a todos sus compatriotas: El mensaje de que Él, no iba a permanecer enojado con ellos por sus acciones reprochables, más bien, que si mostraban arrepentimiento, perdonaría sus pecados. El Señor anhelaba que Su pueblo recapacitara del estilo de vida que habían llevado. Que abandonaran definitivamente la idolatría, y volvieran a adorarle solo a Él.

Queridos hermanos. La prostitución o el adulterio, no solo es mantener relaciones sexuales ilícitas, sino que también es: adorar o rendir culto a otros dioses, a parte del único Dios verdadero. El Creyente, pese a su devoción a Dios, comete adulterio, pues frecuentemente coquetea con el pecado, y no solo eso, sino que también se prostituye, pues mantiene ídolos en su vida. A la postre, estos ídolos, ya sean objetos o sujetos, llegan a ocupar el primer lugar en sus corazones y terminan por desplazar la adoración al único Dios verdadero. Hermanos. Ya no sigamos prostituyéndonos, dejemos de coquetear con el pecado y abandonemos definitivamente todos los ídolos que podamos tener. Que nada, ni nadie, ocupe el primer lugar que solo a Dios le corresponde en nuestros corazones. Él debe ser el único motivo de nuestra adoración. Seamos agradecidos con el Señor, por habernos rescatado de la condenación de nuestros pecados.

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