Jesus Is Life

PERSEVERE EN LA ORACIÓN

PERSEVERE EN LA ORACIÓN.

ISAÍAS 62:1 Debido a que amo a Sión, no me quedaré quieto. Debido a que mi corazón suspira por Jerusalén, no puedo quedarme callado. No dejaré de orar por ella hasta que su justicia resplandezca como el amanecer y su salvación arda como una antorcha encendida. 6 Oh Jerusalén, yo he puesto centinelas en tus murallas; ellos orarán continuamente, de día y de noche. No descansen, ustedes que dirigen sus oraciones al SEÑOR. 7 No le den descanso al SEÑOR hasta que termine su obra, hasta que haga de Jerusalén el orgullo de toda la tierra. NTV.

Dios tiene un profundo amor por su creación, los ama demasiado, pero su profundo amor no puede quebrantar las leyes Divinas establecidas desde un principio. Dios estableció la justicia para que su creación se rigiera bajo ella. Dios como creador de la justicia, no puede ir en contra de ella, tiene que cumplirla y hacer que toda la creación la cumpla, porque Él es el juez justo y verdadero. Por eso, cuando el pueblo hebreo quebrantó las leyes, mandamientos y ordenanzas dadas por Él, tuvo que derramar su justicia sobre el pueblo rebelde para que purguen sus faltas y de esa manera se cumpla con la demanda de la justicia Divina. En el transcurso de su sentencia, Dios nunca dejó de amar a su pueblo, le dolió ver a su pueblo escogido en ruinas, por eso, por medio de una profecía, había prometido que en un futuro no tan lejano, de las ruinas levantaría nuevamente a su pueblo, a su nación amada, para que el mundo reconociera que la salvación proviene de Israel.

El profeta Isaías al ver que su amada nación yacía en ruinas y que sus habitantes permanecían exiliados en Babilonia, se acogió fervientemente a la promesa de Dios, y decidió que no se iba a quedar quieto en silencio, esperando pasivamente el tiempo favorable del Señor para el cumplimiento de la promesa hecha, sino que iba a estar activo por medio de la oración. El profeta con un corazón quebrantado, decidió esperar el cumplimiento de la promesa, perseverando en la oración de clamor al Señor, hasta que la justicia de su nación amada resplandezca como el amanecer y su salvación arda como una antorcha encendida. Una persona que anhela ver el cumplimiento de las promesas del Señor en su vida o en la vida de su familia, no debe permanecer cruzado de brazos, quieto y en silencio, debe clamar al Señor desde lo más profundo de su corazón y sin desfallecer, hasta ver el cumplimiento de esas promesas. Dios es fiel con los que perseveran en su fe y oran sin desmayar. Toda persona que clama fervientemente obtendrá el favor del Señor.

Isaías no perseveró solo en oración por la salvación de su pueblo, sino que también involucró a otros para que lo acompañen en esta campaña. Había convocado a los centinelas y los había colocado en las murallas de la ciudad; para que ellos también perseveren en oración continua, de día y de noche. Pero éstos no eran guardias comunes y corrientes, armados de lanza y jabalina, sino gente destacada con el solo propósito de velar en oración a favor de Jerusalén, de día como de noche. El profeta les había dado la orden de que no descansaran en su clamor al eterno Creador hasta que termine su obra salvífica, y restablezca completamente a Jerusalén, haciendo de ella una alabanza y el orgullo de toda la tierra.

Queridos hermanos. Dios es fiel y verdadero, en sus palabras no hay una gota de mentira, por eso podemos estar seguros de que las promesas descritas en las Sagradas Escrituras son reales y se cumplirán a su debido tiempo. Pero mientras llega el tiempo apropiado para el cumplimiento de esas promesas, no debemos quedarnos de brazos cruzados, debemos ser activos como lo fue el profeta Isaías que esperaba fervientemente el cumplimiento de la profecía hecha en favor de su pueblo. Hermanos, si estamos anhelando el cumplimiento de una promesa de Dios para nuestras vidas, no nos quedemos quietos y en silencio, más bien, al igual que el profeta Isaías, perseveremos sin desmayar en oración, hasta que esas promesas se cumplan. Y si las promesas son para nuestra familia o para nuestra congregación, involucremos a ellos también en la oración, para que nuestro clamor al Señor sea unánime.

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