Jesus Is Life

NO HAY PAZ PARA EL PERVERSO

NO HAY PAZ PARA EL PERVERSO.

ISAÍAS 57:15 El Alto y Majestuoso que vive en la eternidad, el Santo, dice: … Restauro el espíritu destrozado del humilde y reavivo el valor de los que tienen un corazón arrepentido. 16 Pues no pelearé contra ustedes para siempre; no estaré siempre enojado. Si lo estuviera, moriría toda la gente, sí, todas las almas que he creado. 18 He visto lo que hacen, ¡pero aun así, los sanaré y los guiaré! Consolaré a los que se lamentan, 19 llevando palabras de alabanza a sus labios. Que tengan paz abundante, tanto cerca como lejos dice el SEÑOR que los sana. 20 Pero los que aún me rechazan son como el mar agitado, que nunca está tranquilo, sino que continuamente revuelve el lodo y la tierra. 21 No hay paz para el perverso dice mi Dios. NTV.

El pueblo hebreo, pese a que había recibido todas las bendiciones de las manos del Señor, nunca permaneció fiel a su palabra, pues constantemente se rebelaban contra su Creador, ocasionándole ira y furor. En su enojo, Dios derramó su juicio sobre Israel, y permitió que las naciones paganas como Babilonia, los pisotearan y destruyeran completamente la nación. Pero Dios en su amor y misericordia, no se apartó por completo de su pueblo, permaneció cerca de ellos para levantar el castigo en el momento oportuno. Esto les dio a conocer por medio del profeta Isaías. Dios prometió a su pueblo que en el momento oportuno restauraría el espíritu destrozado de los humildes y reavivaría el valor de los que tuviesen un corazón arrepentido. Con estas palabras, el Señor quería alentar a sus hijos que habían permanecido fieles y guardado su palabra, pese a vivir en medio de esa perversión y maldad; también deseaba llamar a otros al arrepentimiento para que se apartaran de sus malos caminos y abracen el perdón que les estaba ofreciendo. Dios está siempre más interesado en volver al pecador al arrepentimiento que en llevar juicio sobre el impenitente.

En esta profecía, Dios además prometió a su pueblo que no pelearía contra ellos para siempre; ni tampoco permanecería siempre enojado por sus constantes rebeliones. Sino que en el momento oportuno, levantaría su enojo y les devolvería la paz que anhelaban. Dios no es como el hombre, pues el hombre cuando se enoja, su enojo no se le pasa rápidamente, más bien permanece por mucho, mucho tiempo, incluso algunos llegan a morir enojados contra alguien. El enojo de Dios contra el pecador es pasajero, pues si no lo fuese así, todas las personas morirían sin haber hallado la salvación y la vida eterna, ya que todas las personas fallan en vivir conforme a la voluntad de Dios.

Pese a que no todos los habitantes del pueblo hebreo mostrasen un sincero arrepentimiento, Dios prometió tener misericordia de la nación, prometió que sanaría, guiaría y consolaría a los que se lamentan sinceramente por toda la maldad que había ocasionado el pueblo. Dios llevaría palabras de alabanza a sus labios, les daría paz abundante, tanto a los que vivieran en Jerusalén como a los que vivieran lejos de la ciudad Santa. Dios mostraría Su amor inagotable por su pueblo. Pero también el Señor por medio del profeta Isaías afirmó que los que aún después de haber visto su enojo le rechazasen, serían como el mar agitado, que nunca está tranquilo, sino que continuamente revuelve el lodo y la tierra. Todos aquellos que no muestren arrepentimiento de sus pecados, no correrían con la misma suerte de los que se arrepintieron, ellos jamás encontrarían la paz para sus almas, más bien, encontrarían un castigo más severo que el que habían atravesado. Dios en su justicia, no perdonará a aquellos que no muestren un sincero arrepentimiento, más bien los destinará para el sufrimiento del juicio final.

Queridos hermanos. El enojo de Dios contra el pecador no es para siempre, por eso, da oportunidad para que el pecador se arrepienta y se aparte del pecado, esto lo hizo posible, al enviar a su Hijo como sustituto para condenar en Él, el pecado del hombre, un sustituto en quien derramar su ira, un sustituto para que lleve el castigo del pecado. Jesús fue el sustituto quien llevó las culpas y el castigo del hombre pecador. Gracias al sacrificio de Cristo el enojo de Dios contra el hombre se desvaneció. Ya no hay condenación para quien entrega su vida a Cristo Jesús. Hermanos. En Cristo, Dios perdona a todos aquellos que muestren un sincero arrepentimiento de sus pecados y se apartan definitivamente de él, pero los que no muestren arrepentimiento, jamás recibirán el perdón de Dios, más bien serán condenados a una eternidad de sufrimiento. Si todavía persistimos en practicar el pecado, apartémonos definitivamente de ellos, para que no corramos con la misma suerte de los que nunca mostraron arrepentimiento de sus pecados.

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