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AIRES DE GRANDEZA

AIRES DE GRANDEZA.

ISAÍAS 22:15. Esto me dijo el Señor, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales: Enfréntate a Sebna, el administrador del palacio, y dale este mensaje: 16 ¿Quién te crees que eres, y qué haces aquí, construyéndote una hermosa sepultura, un monumento en lo alto de la roca? 17 Pues el SEÑOR está a punto de arrojarte lejos, hombre poderoso… 18 … ¡Eres una vergüenza para tu amo! 19 Sí, te sacaré de tu puesto dice el SEÑOR, te derribaré de tu elevada posición. 20 Y entonces llamaré a mi siervo Eliaquim, hijo de Hilcías, para que te reemplace. NTV.

La autoridad o el poder para liderar o gobernar una nación, es dada por el eterno Creador conforme a su beneplácito y soberanía. El Señor les da estas funciones importantes a los hombres para que administren de la mejor manera posible, los recursos de las naciones, siguiendo cada una de sus instrucciones reveladas en las Sagradas Escrituras. Pero los hombres por su vanagloria y arrogancia, al asumir estas funciones, no reconocen que fueron otorgadas por el Señor, por eso se niegan a gobernar bajo Su dirección y autoridad, más bien empiezan a gobernar bajo sus propios impulsos y deseos de su naturaleza carnal, sin tomar en cuenta que en algún momento van a tener que rendir cuentas de sus acciones ante el Gobernante Soberano del universo.

En el pasado, durante el reinado de Ezequías en Judá, el eterno Creador eligió a Sebna para que sea administrador de los asuntos domésticos del palacio, y para que sea segundo al mando después del monarca dentro del palacio real. Este hombre entre sus tantas funciones estaría a su cargo el decidir quienes podían tener audiencia con el monarca. Al igual que los hombres poderosos dentro de cualquier organización. Durante sus funciones dentro del palacio, Sebna se había mostrado ambicioso y materialista como el resto de los habitantes de Jerusalén. Además, cumplía sus funciones encomendadas con aires de grandeza, mostrando que tenía poder y autoridad casi al mismo nivel que el monarca dentro de la corte real.

Ante las actitudes perversas mostradas por Sebna al cumplir sus funciones, el eterno Creador por medio del profeta Isaías, reveló que este mal siervo perdería su posición dentro de la corte. Sebna controlado por su vanagloria, había empezado a construir su sepulcro en la zona rocosa más alta y sobresaliente para que se destacase entre todos los otros sepulcros de los nobles de Jerusalén. Según la costumbre de los pueblos antiguos, se excavaban los sepulcros de los ciudadanos de alta posición en los lugares más sobresalientes de las ciudades para que todos los habitantes pudieran observar sus sepulcros. Sebna era extranjero, no tenía derecho a establecer un mausoleo en esta zona sepulcral de la nobleza judía, porque no estaba emparentado con ninguno de la nobleza local. Pero por sus aires de grandeza quería establecer su sepulcro junto a los nobles de Judá, lo cual provocó la ira del Dios viviente.

En su ira, el eterno Creador determinó que Sebna sería remplazado de sus funciones en el palacio real por Eliaquim, hijo de Hilcías. El siervo ambicioso y malvado, no solo sería remplazado de sus funciones, sino que sería arrojado a la cautividad como una bola, y moriría en tierra extraña, por no cumplir sus funciones designadas con humildad como era la voluntad de Dios. El Señor desde siempre ha anhelado que sus siervos sean humildes y que no se dejen llevar por la vanagloria o los aires de grandeza, ya que al dejarse llevar, se olvidarían de darle la Gloria a Quien los delegó para que cumplan esas funciones.

Queridos hermanos. Es fácil que al ocupar puestos importantes en nuestros trabajos o en nuestras iglesias, los humos de grandeza se nos suban a la cabeza, cuando eso sucede, comúnmente nos sentimos los más importantes, o como se dice: Nos llegamos a creer que somos la última botella de agua en medio del desierto. El sentirse así, está en contra de la voluntad del Señor, porque Él desea que todos sus siervos sean humildes y sigan el Ejemplo que Él mostró cuando caminó en este mundo. Solo un siervo humilde, reconocerá que el puesto que está ocupando es gracias al Señor, y por eso solo a Él, le dará la honra, la gloria y el loor. Hermanos. No permitamos que la vanagloria gobierne nuestro ser, pues si nos dejamos dominar de ella, tendremos la misma suerte que Sebna. Por eso, ante cualquier deseo de gloriarnos acudamos rápidamente al Señor, para que nos ayude a dominar nuestros impulsos. Tengamos siempre presente, que los cargos que lleguemos a ocupar sean en el ámbito secular o religioso, son gracias a la voluntad del Señor, y por eso solo Él se merece la gloria, la honra y el loor.

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