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INSTRUMENTOS EN LAS MANOS DEL SEÑOR

INSTRUMENTOS EN LAS MANOS DEL SEÑOR

ISAÍAS 20:1 El año en que el rey Sargón de Asiria envió a su comandante en jefe para que conquistara la ciudad filistea de Asdod, 2 el SEÑOR le dijo a Isaías, hijo de Amoz: Quítate la ropa de tela áspera que has estado usando y también las sandalias». Isaías hizo lo que se le indicó, y anduvo desnudo y descalzo. 3 Entonces el SEÑOR dijo: Mi siervo Isaías ha andado desnudo y descalzo durante los últimos tres años como señal: un símbolo de las terribles dificultades que haré caer sobre Egipto y Etiopía. 4 Pues el rey de Asiria llevará prisioneros a los egipcios y a los etíopes. Los hará andar desnudos y descalzos… NTV.

El Señor a menudo envía pruebas a la vida de sus hijos, pruebas que muchas veces parecieran que no tienen sentido alguno, pero el Señor antes de enviar alguna prueba, lo prepara minuciosamente porque desea darles una lección o una enseñanza útil para sus vidas. Con cada prueba que Dios envía a sus hijos, quiere sacar lo mejor de lo mejor de ellos, quiere moldearnos conforme a su carácter y llevarlos a la madurez espiritual. Las pruebas que Dios envía a sus hijos, no siempre serán para darles una lección, sino para que sean canales de advertencia a los que le rodean. Eso fue justamente lo que aconteció con el profeta Isaías. Dios pidió a su siervo que se quitara la ropa de tela áspera, también las sandalias. Le pidió que anduviera desnudo y descalzo durante tres largos años. Ante este pedido algo absurdo, el profeta no pidió explicaciones al Señor, más bien lo obedecería sin ninguna clase de reproches tal como un siervo obedece a su amo. Este hecho aconteció en el año en que el rey Sargón de Asiria envió a su comandante en jefe para que conquistara la ciudad filistea de Asdod. En aquellos momentos, Asdod, junto con otras ciudades filisteas, estaban en una rebuelta contra Asiria. Egipto apoyaba la rebelión de las ciudades filisteas, porque esas ciudades constituían una barrera para que el imperio asirio tratara de conquistar sus tierras.

Conforme al pedido de Dios, el profeta anduvo por las calles de Jerusalén sin ropa que lo cubriese y sin sandalias, durante tres años. En esos años, el profeta no anduvo totalmente desnudo porque al quitarse la ropa de cilicio, se quedó en ropa interior, posiblemente una túnica o un taparrabo. Nadie podría aparecer en público vestido de esa manera ya que era vergonzoso; ese atuendo podría ser el de un hombre asaltado o caído en la desgracia. Isaías pudo haber tenido la apariencia de un limosnero o de un prisionero de guerra. La impresión que el profeta causó entre el pueblo se pudiera comparar a la que causaría cualquiera de nosotros que fuese en ropa interior al trabajo o de compras.

A través de la experiencia de Isaías, el eterno Creador quería dar un par de lecciones al pueblo hebreo, quería que ellos entendieran las terribles dificultades que habían de caer sobre Egipto y Etiopía. Pues el rey de Asiria llevaría prisioneros a los egipcios y a los etíopes. Los haría andar desnudos y descalzos durante tres largos años. Dios quería que su pueblo comprendiera que si ellos no vivían bajo su voluntad, le podría pasar lo mismo que a Egipto y Etiopía. Además, el eterno Creador quiso enseñar a Su pueblo que deben obedecer a sus instrucciones sin ninguna clase de reproches tal como lo había hecho su siervo Isaías. En su soberanía, Dios utiliza a sus siervos para dar lecciones a los que los rodean y se rectifiquen sus vidas antes de que sea demasiado tarde.

Queridos hermanos. El profeta Isaías, sencillamente se sometió a la voluntad del eterno Creador ante el pedido para nada común. El profeta no consideró tan importante la reacción que podrían tener sus compatriotas al verle desnudo caminando por las calles de Jerusalén como el someterse al único Dios verdadero. El profeta a través de su obediencia, nos enseña que es mejor acatar las órdenes del Señor que someterse a las presiones de la sociedad. No importa lo que pueda pensar el mundo de nosotros como cristianos, el ejemplo de este hombre de Dios nos enseña que debemos dejar que nuestra luz brille de tal manera que se sepa que le pertenecemos al Señor y que queremos hacer su voluntad sin importar lo que cueste. Hermanos. Al igual que al profeta Isaías, el Señor en algún momento de nuestras vidas, nos puede utilizar como un instrumento para llevar una enseñanza o un mensaje a las personas que están a nuestro alrededor. Cuando esto suceda, y lo que nos pida hacer sea totalmente incomprensible para nosotros, no cuestionemos al Señor, ni lo reprochemos, más bien en una actitud sumisa obedezcamos al igual que lo hizo el profeta de Dios en el pasado.

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