Jesus Is Life

TODOS NECESITAN EL PERDÓN DEL SEÑOR.

ISAÍAS 6:5 Entonces dije: ¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. 6 Entonces uno de los serafines voló hacia mí con un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. 7 Con él tocó mis labios y dijo: ¿Ves? Este carbón te ha tocado los labios. Ahora tu culpa ha sido quitada, y tus pecados perdonados. NTV.

Dentro de la sociedad humana, el pecado ha llegado a formar una parte integral de la vida de las personas, por eso, la práctica del pecado no lo ven como algo malo, lo ven como algo natural y propio de la naturaleza humana. Con estos pensamientos, las personas cuando se les pregunta que si son pecadoras, ellas confiadamente responden que no, y afirman que no hacen cosas malas o indebidas, más bien afirman que son personas buenas, justas y rectas, incluso algunas se consideran como personas santas y dignas de entrar directamente al reino de los cielos si existiera. Una persona que se considera a si misma sin pecado o sin faltas, contradice lo que enseña las Sagradas Escrituras, ya que el Señor en ella afirma que todos los hombres sin ninguna clase de excepción son pecadores y dignos de toda condenación. Las personas por su condición pecadora, les cuesta aceptar que son malas y que no hay nada de bueno en ellas, les cuesta aceptar que son merecedoras de toda condenación.

En contraste a la mayoría de los hombres, el profeta Isaías cuando en una visión vio al Señor y escuchando la alabanza de los ángeles, se dio cuenta de que era impuro ante Dios, sin ninguna esperanza para poder alcanzar el nivel de santidad que Él demanda. El profeta se sintió que todo había acabado para él, por su condición pecaminosa era merecedor de toda condenación, y estar lejos de la presencia de un Dios santo. La santidad divina separa a Dios de los pecadores; su omnipotencia los amenaza con la separación y el castigo eterno. Isaías comparecía ante Dios con las manos vacías y sin nada que pudiera ofrecer para salvar tan grande diferencia. Los mejores esfuerzos del profeta eran nada en presencia de la absoluta santidad y poder de Dios. Hubiera sido presuntuoso de su parte sugerir que él había tratado de vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Las obras de servicio del profeta, tan valiosas como eran, aquí de nada servían; él era impuro y vivía en medio de un pueblo impuro.

Isaías al momento que admitió que era pecador y sintió remordimiento de su realidad, mostró que necesitaba ser purificado de sus pecados para poder estar en la presencia del Señor. Ante el corazón quebrantado y humillado del profeta, Dios actuó por medio de uno de los serafines para purificarlo, y hacerle digno de estar en su presencia. En un acto simbólico borró la culpa del profeta; uno de los serafines tomó del altar del Templo celestial un carbón encendido y tocó con él la boca de Isaías e inmediatamente el ángel al servicio del Señor pronunció. Ahora tu culpa ha sido quitada, y tus pecados perdonados. A través de este acto simbólico de perdón y purificación hecho en favor del profeta en el pasado, en el presente, los pecadores arrepentidos pueden tener la certeza de que no van a ser abandonados por el Señor, sino que también van a ser perdonados y purificados de sus culpas y pecados. Sabemos que sólo el sufrimiento y la muerte de Jesús lo hicieron posible. Este hombre de Dios recibió aquí la certeza de que al haber sido purificado podía permanecer ante el Señor. Su condición había sido cambiada por obra de Dios, no en virtud de algún esfuerzo o deseo humano. Siempre es por gracia y no por obras.

Queridos Amigos. Las personas en su propia opinión pueden creer y afirmar que no tienen pecados, pero las Sagradas Escrituras afirman todo lo contrario. Todas las personas sin excepción son pecadoras, solo que unos en menor grado y otros en mayor grado. Una persona pecadora por sí misma no puede alcanzar el nivel de santidad que demanda Dios para que estén en su presencia, por eso necesitan de la ayuda divina para alcanzar esa santidad y llegar a la presencia de Dios. Amigo. El hombre puede alcanzar la santidad que demanda Dios, gracias al sacrificio que Cristo Jesús realizó en la cruz del calvario. Gracias a Cristo, el hombre tiene el privilegio para llegar a la presencia de Dios Padre. Este privilegio solo es posible cuando el hombre reconoce su condición pecaminosa, y reconoce que necesita la ayuda de Dios para ser purificado, y perdonado de sus pecados. ¿Usted ya reconoció su condición pecaminosa? Si no lo ha hecho, este es el momento preciso para que lo haga. Confiese sus pecados al Señor y reciba Su perdón.

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