Jesus Is Life

AMOR PERPETUO

Ene 10, 2023

AMOR PERPETUO.

CANTAR DE LOS CANTARES 3:1 En la oscuridad de la noche busco al amor de mi vida. En la soledad de mi cuarto lo busco y no lo encuentro. 2 Me levanto, recorro la ciudad, voy por calles y mercados, buscando al amor de mi vida. Lo busco y no lo encuentro. 3 Me topo con los guardias, con los que vigilan la ciudad, y les pregunto si han visto al amor de mi vida. 4 Apenas los dejo, encuentro al amor de mi vida. Lo abrazo, no lo suelto, lo llevo a mi casa, ¡lo hago entrar en la habitación donde nací! TLA.

Dentro del matrimonio, el cuidado y la protección mutua es fundamental para que la llama del amor no desfallezca. En cada momento de su vida debe tener presente a su ser amado, velar por ella de día y de noche. Cuando recién están empezando la relación de noviazgo los pensamientos siempre están en el ser amado, esperando con impaciencia el momento para encontrarse y contemplarse el uno al otro. Con la mente enfocada en el amor de su vida piensa: ¿Como estará?, ¿dónde estará?, ¿Qué estará haciendo? Y muchas más preguntas similares a estas. Cuando alguno de los dos no asiste a la cita, la preocupación y la angustia crece, su corazón empieza a latir aceleradamente, y anhela pronto tener noticias o razones por las cuales no asistió al punto de encuentro. Una vez que vuelve a ver a la persona amada el corazón vuelve a latir normalmente, la preocupación y la angustia desvanece.

Una cierta noche, la Sulamita esperaba la visita de su amado, cuya voz había oído a las afueras de su casa hace unos momentos; pero de repente todo había quedado en silencio, la voz de su amado había desaparecido misteriosamente. Ante el silencio perturbador, la Sulamita inmediatamente empezó a buscar al amor de su vida, en su recamara, en toda la casa y no lo encontró. Una angustia profunda invadió su corazón, su amor ciego y obsesionado le impulsó a ir en busca de su amado, no le importó la oscuridad y los peligros de la noche, salió de su casa y recorrió todos los rincones de la ciudad, pero a pesar de su esfuerzo, no había tenido éxito, su amado seguía extraviado.

Desesperadamente, buscó a su amado por las plazas a medianoche, a la hora en que los centinelas hacían su ronda en torno a las murallas. La Sulamita al encontrarse con uno de ellos, sin ninguna clase de vacilación, le pregunto: ¿Si había visto al amor de su vida?. La costumbre de la cultura oriental exigía el recato de la mujer, pero por su profundo amor apasionado y ciego, a la Sulamita no le importó ir en contra de las costumbres de su pueblo. Por eso, al buscar a su amado, rompió todos los convencionalismos sociales, solo le importaba dar con el paradero al que consideraba como el único tesoro de su corazón. Cuando uno ama a alguien, hará todo lo posible para garantizar la seguridad de esa persona y para suplir sus necesidades, aun a costa de su comodidad personal, tal como lo hizo la Sulamita. Por eso al encontrar a su amado, lo abrazó, no lo soltó, lo llevó a la casa de su madre, a la habitación donde había nacido.

Cristo Jesús es la perfecta muestra de un amor sacrificial como el de la Sulamita. Jesús dejó la comodidad de su trono celestial, se despojó de su divinidad, se revistió de humanidad y vino a este mundo a buscar lo que se había perdido. Al encontrarlo, se regocijó, lo abrazó, lo rescató y lo redimió a través de su sacrificio en la cruz del calvario. Jesucristo mostró su profundo amor por el hombre, al derramar su preciosa sangre hasta la última gota como pago perfecto, para liberarlo de las manos del enemigo de Dios y así darle la posibilidad de que viva eternamente en los lugares celestiales, en la casa de Su Padre junto a Él. No hay mayor muestra de amor sacrificial que la que hizo Cristo por la humanidad.

Queridos hermanos. En la actualidad, en muchas parejas se ha perdido la chispa inicial del amor que los unió, por eso, no se preocupan el uno por el otro. No están interesados en saber cuáles fueron las actividades que realizaron durante el día. O qué cosas pueden hacer por ellos para alegrarles el día terrible que han tenido. El amor que tuvieron durante el noviazgo, no tiene que desaparecer después del matrimonio, más bien tiene que perdurar y crecer cada día más y más. Hermanos. El amor por su cónyuge debe ser similar o mucho mayor al amor de la Sulamita, que, al no ver a su amado, se despojó de su comodidad y salió en su búsqueda sin importarle lo que le podía pasar. Si su cónyuge a media noche no está a su lado, preocúpese, levántese y búsquelo talvez esté retorciéndose de dolor en algún rincón de su casa, o talvez salió a la calle en la búsqueda de algún medicamento, corra para socorrerlo. El amor prometido no solo fue para las buenas sino para las malas también.

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