Jesus Is Life

TRATEMOS IGUAL A TODOS

TRATEMOS IGUAL A TODOS.

Vivimos en una sociedad que tiende a tener tratos diferenciados entre las personas. Con frecuencia, una persona es tratada de manera especial dependiendo de las cualidades específicas que posea, cualidades tales como: talentos, inteligencia, posición económica, apariencia física, rasgos étnicos, posesión de poder o de influencia, etc. En esta forma de trato diferenciado a las personas, en ocasiones también caemos los seguidores de Cristo sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo. El apóstol Pablo advirtió a su joven pupilo Timoteo para que no tenga favoritismos en su trato con la congregación: “Dios, y Jesucristo, y todos los ángeles que Dios ha elegido, están escuchando lo que te voy a decir: Obedece todo lo que te he ordenado hacer y sé justo con todos, sin tener favoritos.” 1 Timoteo 5:21 TLA.

Al momento de tratar a otros, la mayoría de personas tienen un chip imaginario implantado en su cerebro, el cual se activa automáticamente en el momento de tratar con las personas. Este chip imaginario es el prejuicio y la parcialidad. Es fácil para las personas tener prejuicios contra alguien, y por ello prejuzgar un caso. También es demasiado fácil que muestren parcialidad en favor de alguien a causa de su dinero, posición en la comunidad o su personalidad. Pablo encarga solemnemente a su joven discípulo delante de Dios y del Señor Jesucristo, y también delante de los ángeles para que no caigan en esta forma de trato al igual que las personas que no conocen de Cristo.

El apóstol ordenó a Timoteo que obedezca cada una de las instrucciones que le había impartido, le ordenó que sea justo con la congregación y que no tenga ninguna clase de favoritismos en sus tratos con ellos al momento de disciplinarlos. Tal vez, nosotros en este momento, no estemos en una posición de liderazgo en nuestras congregaciones como para disciplinar a un hermano que está en malos pasos, pero esto no implica que las palabras de Pablo a Timoteo no sean también aplicables en nuestra vida cotidiana. Como cristianos, nosotros no tenemos que tener trato diferenciado entre las personas, debemos tratar a todos de una misma manera, sin ninguna clase de prejuicio, ni favoritismos. Debemos recordar que delante de Dios, todos somos iguales de imperfectos y pecadores, pero a pesar de todo eso, Dios nos ama y quiere que nosotros trasmitamos su amor al momento de tratar a otros. Asegurémonos de honrar a las personas por lo que son en Cristo y no por lo que son en el mundo.

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