Jesus Is Life

SALVE A LOS CONDENADOS A MUERTE.

Proverbios 24:11 Rescata a los que están injustamente condenados a morir, sálvalos mientras van tambaleándose hacia su muerte. 12 No te excuses diciendo: Ay, no lo sabíamos». Pues Dios conoce cada corazón y él te ve. El que cuida tu alma sabe bien que tú sabías. Él pagará a cada uno según merecen sus acciones. NTV.

Desde tiempos remotos, las leyes de las naciones casi siempre han estado al servicio del poder económico activo, y gobernantes tiránicos, quienes han vivido manipulando las leyes de las naciones a conveniencia para pisotear a los débiles y los de escasos recursos económicos. Estos perversos, casi siempre han tramado planes para deshacerse de los humildes, justos y rectos. Los ejemplos más claros de estos hechos barbáricos fueron la condenación de los siervos de Dios, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Jesucristo mismo fue una de las víctimas de estos perversos. Los que ejercían poder en el mundo judío en los tiempos de Jesús, se reunieron y con falsas acusaciones lo llevaron ante los tribunales y pidieron su ejecución. Bajo la intimidación de estos hombres perversos, las autoridades romanas pese a saber que Jesús no era culpable de las acusaciones que se le imputaban, se quedaron callados y ordenaron Su ejecución para agradar a las autoridades judías.

Ante las injusticias existentes en el mundo, el sabio hace un llamado a las autoridades de justicia para que rescaten a los que están injustamente condenados a morir por falsas acusaciones de los perversos. Pide que se los salven mientras van tambaleándose hacia su muerte. La razón que el sabio les propone por la que han de librar al inocente de la muerte, es de un elevado valor religioso: si bien ante los hombres podrían aparecer como jueces justos, Dios, ante cuyos ojos todo está patente, vengaría con duro castigo la sangre inocente por ellos a sabiendas derramada. Si los magistrados o los que imparten justicia, sabiendo la verdad no detiene la ejecución del inocente, no podrán excusarse en la presencia de Dios diciendo que no lo sabían. Pues Dios conoce cada corazón y él ve el proceder de cada persona.

Cuando las personas inocentes son acusadas falsamente y son llevadas a cámaras de gas, sillas de ejecución, hornos y otras formas de ejecución; cuando en las clínicas de aborto se están matando a bebés en el vientre de su madre, es inexcusable que los seguidores de Cristo se queden quietos y callados, y no busquen el rescate de los inocentes condenados a muerte injustamente, solo para satisfacer el deseo de los perversos. Si los cristianos tienen poder para liberar a los inocentes de la tragedia mortal, deben hacerlo, y no deben dejarse presionar de los poderosos. Si el creyente no hace lo correcto y salva al inocente, será inútil que se excuse en la presencia de Dios. En el final de los tiempos, el Señor pedirá cuentas no sólo del mal positivo que el creyente haya hecho, sino también del bien que dejo de hacer, tan valioso en este caso como una vida humana.

Nadie puede engañar a Dios simulando que no sabía lo que ocurría, porque el Señor escudriña profundamente el corazón del hombre y no solo eso, sino que también cuida su alma. Dios sabe cuándo el hombre sabiendo la injusticia que se practica, no hizo nada para cambiarla. En el día de Su ira, Él pagará a cada uno según merezca sus acciones. Por eso es indispensable que el creyente no se quede callado ante las injusticias de los perversos, tiene que levantar su voz de protesta, pese que, al hacerlo, le pueda costar la vida.

Queridos hermanos. Dios vela sobre nosotros y nos protege en cada uno de nuestros pasos. Él nos puede dar la valentía que necesitamos para armarnos de valor y nos levantemos para hablar en contra de la justicia cuando sea necesario. Es momento de que rescatemos, y salvemos a los inocentes que caminan injustamente a la muerte. Dios nos da la fuerza y no hay razones para excusarnos de no luchar por los derechos de los condenados injustamente como los bebés que son abortados. Hermanos. No solo debemos rescatar y salvar a los condenados a muerte física, sino también a los condenados a la muerte espiritual. A nosotros se nos ha sido confiadas las buenas noticias de la salvación, por eso, nuestro deber es compartir el evangelio con todas las personas y rescatarlos de la condenación eterna. Ningún creyente podrá escusarse delante de Dios, por no haber alzado su voz para anunciar el evangelio de la salvación y la vida eterna.

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