Jesus Is Life

NO HAY OTRO SACRIFICIO

La apostasía es uno de los grandes peligros que ha sufrido la iglesia cristiana desde sus inicios ya que muchas personas que han profesado ser seguidores de Cristo durante un tiempo considerable, e identificándose con una iglesia local, luego de algún tiempo se han apartado deliberadamente del camino de la salvación y la vida eterna, ofrecida gratuitamente por Cristo. Los hombres se han apartado de su fe y han vuelto a pecar como si nunca hubiesen conocido las buenas nuevas de salvación. Pero también hay otro grupo de seguidores de Cristo, que no se apartan de su fe en totalidad, pero persisten en seguir pecando deliberadamente. Tanto los que vuelven a sus vidas antiguas sin Cristo, como los que persisten deliberadamente en el pecado aun estando en el cuerpo de Cristo, no tendrán el perdón de Dios, esto lo afirma el escritor de la epístola a los Hebreos: “Si seguimos pecando después de haber conocido la verdadera enseñanza de Dios, ningún sacrificio podrá hacer que Dios nos perdone.” Hebreos 10:26 TLA.

Dentro del cuerpo de Cristo, hay muchos miembros que siguen pecando como si no conocieran la voluntad de Dios para sus vidas. Cuando pasan por alto las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, deliberadamente rechazan la oferta de salvación de Cristo, rechazan el don más precioso de Dios, se pasan por alto la dirección del Espíritu Santo, la de quien les comunica el amor salvador de Dios. Las personas que persisten en sus vidas de pecado a pesar de conocer el evangelio de Cristo, no tendrán ninguna posibilidad de perdón, ni escapatoria de la ira de Dios. Ellos tendrán que sufrir las consecuencias de sus actos, porque no hay otro sacrificio que alguien pueda realizar por ellos para rescatarlos de la condenación. Cristo fue el sacrificio perfecto por los pecados de toda la humanidad, pero si alguien a propósito rechaza su sacrificio, luego de haber entendido con claridad la enseñanza del evangelio, no tiene esperanza alguna de salvación porque Dios no ha provisto otro nombre bajo el cielo por el cual el hombre pueda ser salvo.

Dios no puede hacer nada más por los apóstatas, ni por los que persisten en seguir pecando, más que derramar su justa ira por despreciar el sacrificio de su amado Hijo. Para que no caigamos en las manos del Dios viviente, el escritor de la epístola a los Hebreos nos hace esta advertencia para que no pequemos deliberadamente como si no conociéramos la voluntad de Dios. Valoremos el sacrificio que Cristo realizó por nosotros en la cruz del calvario, tratando por todos los medios de no pecar, ni ofender a nuestro amado Dios. Vivamos bajo las enseñanzas de nuestro amado Señor, honrando y glorificando Su santo nombre.

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