Jesus Is Life

LO QUE HACEMOS DEBE TRAER GLORIA A DIOS

LO QUE HACEMOS DEBE TRAER GLORIA A DIOS

A no todo el mundo le gusta hablar en público, esto se puede deber a diversas causas, pero la causa más común para que las personas no les guste es porque tienen pánico escénico. Muchas personas con este miedo evitan las situaciones en las que tienen que hablar en público por completo o sufren en su transcurso, con las manos y la voz temblorosas, y en muchas ocasiones prefieren que otros hablen por ellas. En contraste a este grupo, existe otro grupo de personas que les fascina estar al frente del público, les gusta estar en un auditorio lleno de personas y ser el punto de atención. Estas personas tienen la facilidad para hablar fluidamente sin ninguna clase de temor. Al grupo de personas que no tiene pánico escénico, el apóstol Pedro les hace el siguiente llamado para que utilicen de la mejor manera esa facilidad de expresarse en público: ¿Has recibido el don de hablar en público? Entonces, habla como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ti. ¿Has recibido el don de ayudar a otros? Ayúdalos con toda la fuerza y la energía que Dios te da. Así, cada cosa que hagan traerá gloria a Dios por medio de Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre! Amén. 1 Pedro 4:11 NTV.

Desde el momento que la persona recibe a Cristo como su Señor y Salvador, es dotado con un Don sobrenatural para que lo ponga al servicio del cuerpo de Cristo. Uno de estos dones sobrenaturales es el don de la palabra, específicamente el don de la predicación. Los creyentes que han recibido del Espíritu Santo, el don para exponer el evangelio de la salvación y la vida eterna, no tienen miedo de expresarse en público, más bien su hablar es fluido y tienen la capacidad para llegar con el mensaje a sus oyentes. A este grupo de creyentes, el apóstol les dice que hablen como si Dios mismo estuviera hablando por medio de ellos. Es decir, que no expongan el mensaje de Dios ofreciendo sus opiniones particulares o propagando sus propios prejuicios, sino como el que transmite el más puro mensaje de las Sagradas Escrituras sin ninguna clase de distorsiones. La predicación no se hace para que el predicador despliegue sus cualidades sino para poner a la gente cara a cara con Dios. Además, todo aquel que lleva a cabo esta clase de ministerio debería hacerlo con el humilde reconocimiento de que es Dios quien le da el poder para ello, entonces la gloria irá a Dios a quien le pertenece.

Si hemos sido dotados por el Espíritu Santo para predicar o enseñar la Palabra de Dios, no tengamos miedo de hacerlo, expongamos claramente el evangelio de la salvación tratando de que nuestras palabras sean las mismas palabras que Dios quiere que digamos en aquella ocasión particular. No es suficiente que prediquemos en base de las Sagradas Escrituras, debemos tener también la certidumbre de que estamos presentando el mensaje en particular que Dios quiere para aquella audiencia en aquel momento específico. Solo si hacemos las cosas en conformidad a la voluntad y los designios de Dios, haremos venir la gloria a Dios por medio de Jesucristo. Solo a nuestro bendito Señor y Salvador le pertenece toda la alabanza, toda la gloria y todo el poder por siempre y para siempre, Amén.

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