Jesus Is Life

INTELIGENCIA Y ENTENDIMIENTO

INTELIGENCIA Y ENTENDIMIENTO.

PROVERBIOS 2:3. Clama por inteligencia y pide entendimiento. 4 Búscalos como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. 5 Entonces comprenderás lo que significa temer al SEÑOR y obtendrás conocimiento de Dios. 6 ¡Pues el SEÑOR concede sabiduría! De su boca provienen el saber y el entendimiento. 9 Entonces comprenderás lo que es correcto, justo e imparcial y encontrarás el buen camino que debes seguir. NTV.

Es claro y evidente que la fortuna y las posiciones materiales es el fin de los hombres, por eso, desde el momento que tienen la capacidad suficiente para desempeñarse en algún trabajo, buscan un empleo que les ayuden a generar los recursos económicos para alcanzar la fortuna anhelada. La fortuna no debería ser el fin más importante para las personas, ya que la ésta no les puede ayudar a cambiar completamente sus vidas. En tanto que la sabiduría tiene la capacidad para cambiar completamente la vida del hombre, porque un hombre sabio comprende que la verdadera felicidad no depende de la fortuna que pueda tener, sino del conocimiento del que tiene poder para darle la fortuna anhelada.

Salomón entendiendo que la fortuna no era tan importante como la inteligencia y entendimiento, exhorta a todos los hijos de Dios para que clamen por inteligencia y entendimiento. Además, los incitó a que los busquen como si fueran plata, como si fueran tesoros escondidos. La inteligencia y el entendimiento forman parte de la sabiduría, por eso es importante que los hombres la busquen más que cualquier fortuna existente en el mundo, porque la sabiduría es más valiosa que el oro, la plata, o cualquier otra piedra preciosa que existiere. El hombre que encuentre la sabiduría tendrá todo lo que ella puede ofrecer.

Sencillamente los hombres no buscan esa sabiduría; algunos porque no la consideran importante, otros porque no están interesados en Dios ni en sus cosas. Algunos porque se preocupan nada más que por los deleites de esta corta vida, o por creer que la sabiduría es solamente para los de educación superior. Y otros porque piensan que ya saben lo suficiente. Cualquiera que sea la razón, resulta un trágico descuido. En esta época materialista y superficial, los hombres deberían mirar por encima del oropel atrayente de las posesiones y de los placeres temporales de la vida, hacia los tesoros eternos de la Palabra de Dios.

Solo aquel que busque la sabiduría con ahínco conseguirá sus preciosos frutos: como es el temor de Dios, y el conocimiento de Dios, porque la sabiduría es un don de Dios, que Él no concede si no media la cooperación y esfuerzo humano. El conocimiento de Dios es fundamento de la vida moral; lleva, lógica y naturalmente, al temor filial de Dios, a su amor, porque no es posible conocer a Dios y no sentir ese temor y amor que lleva a las obras. Y también ese temor y amor llevan a un conocimiento más profundo de Dios y su voluntad. Además, el que halle la sabiduría estará en la capacidad de comprender lo que es correcto, justo e imparcial y encontrará el buen camino que debes seguir. La persona que desea intensamente conocer y poner por obra la voluntad de Dios, aprende a comportarse rectamente, actuar justamente y conducirse en honestidad. El hombre sabio aprende a escoger la senda adecuada y todo buen camino. Definitivamente el sabio escoge el camino que le conduce a la vida eterna, lejos de toda condenación.

Queridos hermanos, es necesario que nosotros como hijos de Dios, pongamos un interés y un amor grande por la sabiduría y la busquemos con el afán y fatiga con que se busca la plata, con la avidez y trabajo con que el avaro cava la tierra en la que sabe se esconde un tesoro valioso. Solo si encontramos la sabiduría comprenderemos lo que significa temer al SEÑOR y obtendremos un conocimiento verdadero de Dios, porque la sabiduría es un don de Dios. Hermanos, en la medida en que crecemos en el conocimiento de Dios, más asombrados quedamos de su grandeza y de su amor en Jesucristo, por eso, si nos hace falta sabiduría, sin temor, ni recelo, clamemos a Dios para que derrame de su sabiduría en nuestras vidas, y así tome el control de nuestra mente y de nuestro corazón, para obedecer fielmente los mandatos de Dios, actuar rectamente con justicia y conducirnos en honestidad cada momento de nuestras vidas.

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