Jesus Is Life

UNA ACTITUD SUMISA ANTE DIOS

UNA ACTITUD SUMISA ANTE DIOS

SALMOS 131:1 SEÑOR, mi corazón no es orgulloso; mis ojos no son altivos. No me intereso en cuestiones demasiado grandes o impresionantes que no puedo asimilar. 2 En cambio, me he calmado y aquietado, como un niño destetado que ya no llora por la leche de su madre. Sí, tal como un niño destetado es mi alma en mi interior. NTV.

La sumisión es un comportamiento que pueden desarrollar los seres humanos, Este comportamiento implica estar en subordinación a la voluntad de otras personas de autoridad, en todo nivel y sentido, sin hacer cuestionamientos aun cuando estén en desacuerdo con lo que deben hacer. La sumisión se puede evidenciar en diferentes contextos de la sociedad, por ejemplo: En las relaciones familiares entre padres e hijos, en relaciones de pareja, en la relación maestro y alumno, o en relaciones laborales entre jefe y empleado. En todos estos casos, las personas sumisas se someten a las órdenes del otro, se sienten inferiores e intimidados, por ello, no omiten opinión ni los contradicen. La sumisión no es algo nato en el corazón del hombre, ya que voluntariamente nadie está dispuesto a someterse a la voluntad de otros, porque el corazón del hombre es orgulloso, y desea estar siempre en un espacio de autoridad dando órdenes a los demás. Pero a pesar de todo esto, en contra de su voluntad se someten a las autoridades superiores por el temor.

El hombre se somete a la voluntad de otro hombre, pero no está dispuesto a someterse a la autoridad divina, no está dispuesto a someterse a la voluntad de su Creador. En contraste a la mayoría de hombres, David el siervo de Dios, dispuso su corazón a someterse a su Creador y exhibió una actitud humilde como la de un niño en su presencia. Por eso en su cántico al Señor, expresó que no se sentía superior a los demás, ni que los miraba con desprecio; ni hacía alardes de grandeza, ni pretendía hacer grandes maravillas, pues no podría llevarlas a cabo. David a pesar de tener autoridad como monarca de la nación hebrea, no se sentía superior al resto de sus compatriotas, ni tenía aires de grandeza. Sus ojos no se enaltecieron como si él fuera un intelectual titulado y egoísta, más bien tenía un corazón humilde, reconocía sus limitaciones, y no le daba vergüenza admitir, por eso estaba dispuesto a ser dirigido por el Señor. La sumisión de David a Dios, no era porque le temía, sino porque lo amaba. El salmista amaba a Dios de todo corazón y anhelaba estar siempre bajo Su autoridad y dirección.

En su humildad, el monarca se sentía tranquilo como un niño cuando su madre le da el pecho, tan tranquilo estaba su alma interior. Como un niño después de haber tomado el pecho y descansaba en los brazos de su madre. David bajo el cuidado y la dirección de Dios, no tuvo razones para angustiarse, pues tenía la certeza que cuando la situación se tornare complicada, el Señor iba a actuar en su favor, por eso se sentía tranquilo como un niño bajo el resguardo de su madre después de haberse alimentado. Algo semejante sucede al nuevo creyente en Cristo; cuando pasan los primeros éxtasis de su nueva vida en Cristo y tiene que aprender a vivir por fe, puede experimentar dudas y angustias. Entonces encuentra su seguridad en descansar en Dios y aceptar por fe lo que Dios dice de su posición en Cristo Jesús.

Queridos hermanos, el monarca del pueblo hebreo, no se inquietó con las cuestiones sublimes, o con las cosas que no estaban al alcance de su entendimiento, ni tampoco su corazón se llenó de orgullo o altivez, más bien mantuvo su corazón aquietado como un niño destetado encuentra sostén y consuelo a lado de su madre. Todas sus ambiciones estaban sujetas a los designios misteriosos de Dios sobre su vida. Hermanos, ante las cuestiones difíciles de entender, la mayoría de nosotros nos agitamos y nos sentimos frustrados, y por todos los medios tratamos de entender cosas demasiado sublimes para nosotros. Al igual que el salmista, debemos dejar de frustrarnos por los designios incomprensibles de Dios, y enfocarnos en llevar una actitud humilde de sumisión a los designios de Dios, reconocer que todo lo que Él hizo, hace y hará en nuestras vidas, son agradables y perfectas para nosotros. Solo así, nuestra alma será liberada de tanta tención innecesaria.

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