RECONCILIACIÓN CON DIOS

SALIMOS 85:1 ¡SEÑOR, tú derramaste bendiciones sobre tu tierra! Devolviste el bienestar de Israel. 2 Perdonaste la culpa de tu pueblo; sí, cubriste todos sus pecados. 3 Contuviste tu furia y refrenaste tu enojo encendido. 4 Ahora, restáuranos otra vez, oh Dios de nuestra salvación; aparta tu enojo de nosotros una vez más. 7 Muéstranos tu amor inagotable, oh SEÑOR, y concédenos tu salvación. NTV.

El eterno Creador en su amor y misericordia, después de muchos años, había escuchado las oraciones del remanente fiel de Israel. Con su gran poder, había hecho retornar a su pueblo del cautiverio babilónico. Dios había perdonado la rebelión de su pueblo y cubierto sus pecados. La ira de Dios sobre el rebelde no permanece para siempre, por Su amor y misericordia, siempre está dispuesto a perdonar a los que muestran un sincero arrepentimiento. Dios por Su amor quiere que todas las personas vuelvan a sus caminos y encuentren la salvación para sus almas. El fiel remanente del pueblo hebreo había mostrado un sincero arrepentimiento, no solo por sus propias rebeliones, sino también por las rebeliones de sus antepasados, por eso habían alcanzado el favor de Dios, y retornado a su añorada nación.

Ante la bondad y la misericordia que Dios había mostrado para con su pueblo, el salmista en oración agradeció por todas las dádivas que habían recibido tras su exilio, y por el bienestar que tenían en ese momento. En su oración también reconoció que el cautiverio pasado de Israel en babilonia fue una consecuencia de haberse rebelado contra Dios, por eso también agradeció a Dios porque les perdonó y apartó su enojo encendido de ellos. El pueblo de Dios a menudo sufre por desobedecer a los mandatos de Dios. pero en su fidelidad su enojo no permanece para siempre. Él está dispuesto a escuchar el clamor de su pueblo y restaurar la comunión que se había perdido. Toda restauración empieza con el reconocimiento de los pecados, el arrepentimiento y la sumisión a Dios.

El salmista y el fiel remanente estaban llenos de gratitud con Dios, por su restauración a su tierra, pero a la vez estaban tristes al ver que las condiciones no concordaban con la gloria de la vida anterior al exilio. La nación de Israel en si todavía no había sido reconstruida, por eso en su oración de clamor, el salmista pidió que la nación fuera reconstruida y tuviese la gloria pasada. Además, pidió que renovara a su pueblo y les concediera su salvación por su amor inagotable. Dios en su infinito poder, es capaz de renovar a su pueblo y a los individuos. Puede derramar de su amor sobre sus hijos, Él puede restaurar relaciones rotas y hacer que lo vuelvan a amar. Todo creyente que necesite un avivamiento en su iglesia, en su familia o en su vida espiritual, puede acercarse confiadamente a Dios, y pedir que le dé un toque fresco de su amor inagotable.

Queridos hermanos, el eterno Creador en su amor inagotable por su pueblo elegido, derramó su perdón, cubrió todos sus pecados, contuvo su furia y refrenó su enojo encendido. Además, Dios reconcilió a su pueblo nuevamente con Él, para que fueran dignos de recibir nuevamente sus bendiciones. Cuando estamos reconciliados con Dios, entonces, y solo entonces, podemos esperar el consuelo de que esté reconciliado con nosotros. Él muestra misericordia a quienes da salvación; porque la salvación es de pura misericordia.

Hermanos, nosotros podemos esperar enfermedades, problemas y tribulaciones agudas cuando cometemos pecados y nos rebelamos contra Dios. Pero al igual que el pueblo hebreo, nosotros podemos alcanzar la reconciliación con Él. Si hemos fallado a Dios, regresemos con oración humilde a Él, confesemos nuestros pecados. Solo así alcanzaremos que Dios, cubra todos nuestros pecados, contenga su furia, refrene su enojo encendido y nos reconcilie nuevamente con Él, para ser dignos de recibir todas las bendiciones que provienen de sus manos.

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