NUESTRA SALVACIÓN PROVIENE DE DIOS.

Hay diferentes grupos y sectas religiosas en el mundo, que enseñan a sus feligreses acerca de la salvación a través de las obras. A través de estas enseñanzas erróneas, impulsan a sus congregantes a ganarse por sí mismos la salvación y la entrada a la morada Celestial. De esta forma, hacen inútil el sacrificio que Cristo Jesús realizó en la cruz del calvario. Estas herejías también están presentes en algunas congregaciones de corte cristiano evangélico en la actualidad, ya que existen líderes inescrupulosos que se aprovechan de la ignorancia de las Sagradas Escrituras de sus feligreses para embaucarlos, haciendo que se ganen la salvación a través de sus obras, o la entrega de diezmos, ofrendas, siembras, o cosas similares. El hombre no puede hacer nada para ganarse la salvación y esto lo afirma el apóstol Pablo en su carta a Tito: “Pero: Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo.” Tito 3:4-5 NTV.

En cuanto a la salvación del hombre, el apóstol Pablo es específico. El hombre no es capaz de hacer algo para alcanzar la salvación por sí mismo, su salvación depende de la acción redentora de Cristo Jesús. Dios al ver la realidad catastrófica del hombre, movido en su misericordia, dio a conocer su bondad y amor, derramó Su salvación en la vida del hombre. Cristo por medio de su sacrificio, trasladó la vida llena de pecado del hombre a una que es guiada por el Espíritu Santo, fue lavado de absolutamente todos sus pecados, dándole un nuevo nacimiento, una nueva vida por medio del Espíritu Santo. El hombre al aceptar el amor y la bondad de Dios, reconoce a Cristo como el Señor y su obra de salvación. Gana la vida eterna con todos sus tesoros. Tiene la renovación del Espíritu Santo quien continuamente renueva su corazón y su mente. Nada de esto tiene lugar por haberlo ganado o merecido, todo es un regalo de Dios.

Ningún hombre por sus acciones puede alcanzar la salvación, porque sus acciones nunca van a ser justas delante de Dios, debido a que sus acciones van a estar contaminadas por el pecado que mora en su ser. Solo la sangre de Cristo tiene el poder para lavar todo el pecado del hombre y darle un nuevo nacimiento, una nueva identidad por medio del Espíritu Santo para que pueda morar en la presencia de Dios Padre. Hermanos, no nos dejemos embaucar por líderes religiosos inescrupulosos que nos afirman que podemos ganar la salvación por medio de nuestras obras. Tengamos siempre presente que el don de la salvación, es un regalo explícito que nos da el Señor a través del sacrificio que realizó en la cruz del calvario, por amor a nosotros.

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