NUESTRO AMOR FLORECE CUANDO PERDONAMOS

Perdonar las ofensas es una tarea difícil para la mayoría de nosotros, a pesar de que llevamos muchos años de haber aceptado a Cristo Jesus en nuestro corazón. Cuando las ofensas vienen de personas de nuestra entera confianza se hace aún más difícil extenderles el perdón. Cuando el rencor invade nuestra mente y nuestro corazón, se hace imposible que analicemos muy bien las cosas, nos hace olvidar que nosotros también fallamos y cometemos errores que llegan a ofender a los que están cerca de nosotros. Si no perdonamos a los que nos ofenden, dejamos escapar la oportunidad de mostrar el amor floreciente de Cristo albergada en nuestro interior, y esto lo afirma el escritor de Proverbios: “Cuando se perdona una falta, el amor florece, pero mantenerla presente separa a los amigos íntimos.” Proverbios 17:9 NTV.

En el mundo, se puede escuchar a las personas gritar a los cuatro vientos, que en su corazón tienen albergado el amor por todas las personas, pero al momento que es necesario mostrar el amor que profesan, no lo hacen. Una persona que ha aprendido a amar, también aprende a perdonar, a cubrir, olvidar, y a pasar por alto muchos fallos de los demás. Para la persona agredida se vuelve tentador, sobre todo en una discusión, sacar a la luz todos los errores que la otra persona ha cometido. Pero el amor hace que la persona mantenga su boca cerrada contra alguien que le ha ofendido, aunque esto sea difícil. Nunca tratará de sacar a relucir algo en una discusión que no esté relacionado con el tema a discutir.

Las personas que hemos aceptado a Cristo Jesús en nuestro corazón, debemos tener siempre presente, que constantemente estamos ofendiendo a Dios, pero a pesar de esas ofensas nuestro amado Dios sigue extendiéndonos su perdón. Al perdonarnos, se olvida por completo de todo lo malo que hacemos, es como si nunca hubiésemos cometido esas faltas. Él, jamás sacará a relucir todo lo malo que hayamos hecho a lo largo de nuestras vidas. Si nosotros profesamos el amor de Cristo, debemos aprender a perdonar, ya que, si no perdonamos a los que nos ofenden, el amor de Cristo no florecerá en nuestro corazón. Además, si no perdonamos, apartaremos a las personas cercanas a nosotros. En estos instantes, tal vez a la mayoría de nosotros nos costará perdonar y olvidar el agravio, pero conforme vayamos perdonando a los que nos lastiman, creceremos para llegar a ser iguales a Cristo, adquiriremos la capacidad de Dios para olvidar los errores y las faltas de los demás.

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