NO PERDAMOS LA FE EN NUESTRO SEÑOR

Debido al pecado gobernante en este mundo, todos los cristianos debemos atravesar un sinfín de obstáculos y situaciones adversas antes de llegar a la presencia de Dios y disfrutar del gozo eterno prometido en los lugares celestiales. En los primeros días en que las aflicciones llegan a nuestras vidas, con todo fervor acudimos a nuestro Señor en oración esperando recibir Su oportuna ayuda, para salir lo más pronto posible de todo lo que nos aflige. Cuando la respuesta de Dios tarda, el dolor, la angustia y el sufrimiento invaden nuestro ser y hacen que nuestra fe en Dios, poco a poco empiece a decaer, hasta el punto de que dudemos en Su poder o en Su existencia. Este sentimiento de dudar en el poder de Dios, también lo sintió Asaf, uno de los músicos del templo de Jerusalén, cuando no vio la respuesta de Dios a sus oraciones: En los momentos más difíciles, siempre busco a Dios. Con las manos levantadas me paso la noche orando, aunque ni esto me consuela. Cuando pienso en Dios, me siento desalentado y me dan ganas de llorar. ¡Dios me hace perder el sueño! ¡Estoy tan confundido que no sé qué decir! Salmos 77:2-4 NTV.

Asaf, ante la destrucción de su nación, perseveró en oración al Señor para que nuevamente mostrara su bondad y ayudara a restaurar su nación. Con profundo dolor, clamó una y otra vez con las manos extendidas al cielo, inclusive, derramó lágrimas esperando recibir la pronta respuesta de Dios. Pasó el tiempo y Dios no dio respuestas a su clamor, ni tampoco encontró consuelo para calmar el dolor que sentía. Ante la aparente negativa de Dios, la fe de Asaf descendió, y desalentado, no encontró más palabras para clamar al Señor por ayuda.

Asaf antes de deprimirse y perder su esperanza en Dios, había perseverado en oración, postrado con las manos levantadas al Cielo en señal de humildad. Ante una adversidad, nosotros nos rendimos con total facilidad, porque no perseveramos en oración, ni tampoco guardamos reverencia a Dios, pues en medio de las aflicciones, no nos postramos para clamar por Su ayuda. Antes de darnos por vencidos y perder toda esperanza, debemos postrarnos delante del Señor y perseverar en nuestro clamor con todo nuestro ser, confiando plenamente que, a su debido tiempo, Él nos dará la respuesta que añoramos. Tengamos presente que nuestro amado Señor, siempre está cerca de nosotros, dándonos la fortaleza necesaria para que soportemos las tribulaciones, de la misma manera nos cuida y nos protege para que las aflicciones no sean más grandes de las que podamos resistir.

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