LA PRUEBA DE AMOR

 

En el mundo pecaminoso en que vivimos, es común escuchar entre las parejas enamoradas, pedir una prueba de amor. Por lo general, en la mayoría de las ocasiones, esta prueba es solicitada por el hombre a la mujer, para ver hasta qué punto está decidida a llegar para demostrar su amor por él. Esta clase de solicitudes son vanas, ya que son para satisfacer los deseos más perversos albergados en el corazón pecaminoso del hombre. Existe una prueba de amor que no es vana, la cual fue concedida sin ninguna clase de solicitud. Esta prueba de amor es genuina, y sobrepasa a cualquier prueba que el hombre pueda demostrar, fue demostrada por nuestro amado Creador. “Dios ha demostrado cuánto ama a todo el mundo, pues les ha ofrecido la posibilidad de salvarse del castigo que merecen. Ese amor de Dios nos enseña que debemos dejar de hacer el mal, y no desear lo malo de este mundo. También nos enseña que, en este mundo, debemos ser honestos y fieles a Dios, y pensar bien lo que hacemos.” Tito 2:11-12 TLA.

 

El profundo amor que tiene Dios por la humanidad, no son solo palabras, ya que a lo largo de la historia de la humanidad lo ha demostrado con hechos específicos. Y la prueba más grande de su amor es: la posibilidad de que los hombres se salven del castigo que se merecen. Dios ofreció y ofrece esta posibilidad, ya que el hombre a causa de sus delitos y pecados, estaba destinado a sufrir eternamente el castigo merecido, lejos de su presencia. Dios demostró su amor al rescatar y salvar al hombre de la realidad que le esperaba, dándole la posibilidad de que pueda vivir en su presencia.

 

Pero el amor de Dios, no solo libera al hombre del castigo eterno, sino que también le enseña que debe dejar de hacer el mal, y a no desear lo malo de este mundo. El amor de Dios enseña a los hombres a que abandonen completamente los deseos de perjudicar a sus semejantes y a que renuncien a los deseos mundanos, no sólo a los pecados sexuales, sino también a la codicia por las riquezas, el poder, el placer, la fama o cualquier otra cosa que sea esencialmente mundana. Además, el amor de Dios, le enseña al hombre, que en este mundo, deben ser honestos y fieles a Dios y pensar bien en lo que hacen.

 

Si tenemos el amor de Dios albergado en nuestro corazón, no es suficiente con renunciar al pecado y a los malos deseos; debemos también vivir activamente para Dios. Debemos vivir de manera sobria, justa y piadosa a la pura luz de nuestro Señor. Además, debemos ser sabios y pensar bien en lo que vayamos a hacer. Estas son las virtudes que deberían caracterizarnos en este mundo, donde todo a nuestro alrededor va a ser disuelto en el día glorioso de nuestro Señor. Tengamos presente, este mundo es el camino de nuestra peregrinación, en el cual debemos llevar una vida en conformidad a las Sagradas Escrituras, honrando y glorificando a nuestro amado Señor.

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