CRISTO HIZO SUYOS NUESTROS PECADOS

 

Seguramente cada uno de nosotros amamos a nuestros hermanos y amigos ¿Pero voluntariamente estaríamos dispuestos a recibir algún castigo por ellos? Seguramente que no. El amor por nuestro prójimo termina cuando implica sacrificar nuestro bienestar por causa de ellos. Jesús en contraste al resto de la humanidad, no rehuyó al sufrimiento, más bien, Él voluntariamente recibió el castigo por amor a sus amigos, y esto lo afirma el apóstol Pedro en su primera epístola: “Cristo hizo suyos nuestros pecados, y por eso murió en la cruz. Lo hizo para que nosotros dejemos por completo de hacer el mal, y vivamos haciendo el bien. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.” 1 Pedro 2:24 TLA.

 

Cristo por amor a los suyos, voluntariamente cargó con la culpa y el pecado de todo el mundo sin importar lo que esto acarrearía para su vida, esto lo hizo para que el mundo no sea condenado a causa de sus faltas. El amor de Cristo por los suyos traspasó los límites del infinito, por eso, sacrificó su propio bienestar, por el bienestar de los suyos. Cristo llevó la condena y el castigo en el lugar de los creyentes, de tal modo que satisfizo la justicia de un Dios santo. Los sufrimientos de Cristo Jesús en la cruz del calvario fueron no sólo ejemplares, sino también expiatorios.

 

El Señor hizo este sacrificio para que el creyente deje por completo de hacer el mal y empiece a vivir bajo la voluntad del eterno Creador, haciendo todo el bien posible, no sólo para sí mismo, sino, para todo su prójimo. Además, gracias a las heridas de Cristo Jesús, el hombre recibe sanidad espiritual de la enfermedad mortal del pecado. Ya que el pecado causa heridas en la vida del hombre y le hace inmundo para que pueda presentarse ante el trono santo de Dios. Las heridas del pecado, separa al hombre de Dios, pero las llagas de Cristo sanan las heridas del pecado y hace perfecto al hombre para que nuevamente pueda tener comunión con Dios.

 

Gracias al sacrificio de Cristo, no solo hemos sido declarados justos delante de nuestro Padre Celestial. El castigo por nuestros pecados fue pagado por su muerte, y ya no seremos condenados, mas bien hemos resucitado de la muerte espiritual para andar en una vida nueva con el poder y la presencia del Espíritu Santo en nuestro interior. Si valoramos el sacrificio que Cristo hizo por nosotros en la cruz del calvario, debemos apartarnos de hacer el mal y empezar a vivir en conformidad a su voluntad, haciendo todo el bien posible por las personas que están a nuestro alrededor.

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