ESPERAR EN SILENCIO.

 

SALMOS 63:3 ¡Cuántos enemigos contra un solo hombre! Todos tratan de matarme. Para ellos no soy más que una pared derribada o una valla inestable. 4 Piensan derrocarme de mi alta posición. Se deleitan en decir mentiras sobre mí. Cuando están frente a mí, me elogian, pero en su corazón me maldicen. 5 Que todo mi ser espere en silencio delante de Dios, porque en él está mi esperanza. 6 Sólo él es mi roca y mi salvación, mi fortaleza donde no seré sacudido. NTV.

 

La hipocresía se ha vuelto algo común en esta sociedad dominada por la maldad y el pecado. A veces, las personas se acercan a su prójimo con intenciones ocultas, y muchas veces, para ganarse la confianza de ellos, los ensalzan, realizando toda clase de elogios, pero cuando ya se han ganado la confianza y cuando menos se los esperan, sacan sus garras para herirles. David, durante su reinado en Israel, fue objeto de la hipocresía de las personas que estaban a su alredor, pues ellos, lo habían llenado de elogios, pero en el momento que menos se lo esperaba, algunos de los que le habían elogiado, sacaron sus garras para lastimarlo.

 

David en su reinado, había afrontado diversos obstáculos, algunos más difíciles que otros, pero el obstáculo más difícil que tuvo que enfrentar, fue la rebelión de su hijo Absalón. Cuando su hijo se rebeló para quedarse con el reino de Israel, algunos funcionarios del palacio, que en su momento habían llenado de elogios a David, apoyaron esa rebelión para entregar el trono a Absalón. Los rebeldes por su codicia se empeñaron en aplastar a David como si fuese una pared desplomada o una cerca derribada. Su meta era arrojarle de su grandeza, esto es, de su trono. Fingiendo lealtad habían cavilado una tracción en contra del monarca.

 

Para reunir más aliados, los rebeldes se deleitaron en decir mentiras sobre David. Pero cuando estaban en su presencia lo elogiaban, a pesar que en la profundidad de sus corazones le maldecían. Al igual que David, muchas personas que se encuentran en un puesto de liderazgo, se hallan rodeadas por personas que fingen lealtad, pero esperan con impaciencia el momento oportuno para quitarse las máscaras y mostrarse lo que en realidad son. Estas personas están llenas de malicia y son capaces de inventar rumores para que caiga la persona que les está liderando, para así asumir el liderazgo.

 

A pesar de todo el mal del cual fue objeto, David no quiso tomar represalias contra su hijo y los rebeldes, más bien en oración decidió esperar en silencio delante de Dios, porque Él era su esperanza. Él era la roca de su salvación, la fortaleza donde no sería sacudido. Esperar en silencio en la presencia de Dios, muchas veces es la forma más elocuente de la oración. Tanto en aquella lejana época como en los días actuales, los creyentes confiadamente pueden decir, la salvación es del Señor. El solamente es mi roca y mi salvación. En todo momento difícil, el cristiano puede tener seguridad en las manos del Señor, pues Él le brindará el oportuno socorro y le defenderá de toda la malicia de los hombres.

 

Queridos hermanos, en medio de la rebelión de su hijo Absalón y algunos funcionarios de su palacio, el salmista decidió no tomar acciones de represalia contra los rebeldes, más bien en oración esperó en silencio en la presencia de Dios, para que Él actuara en su favor y le defendiera de todos los planes maléficos contra él y su reinado en Israel. Hermanos, esperar en silencio en medio de los ataques, de los que desean mal contra nosotros, es difícil, pero al igual que David lo tenemos que hacer. Debemos confiar en Dios como nuestra roca, salvación y fortaleza. Él cambiará por completo nuestra visión de la vida. Ya no estaremos esclavizados al resentimiento hacia los que nos lastimaron. Porque cuando descansemos en la fortaleza de Dios, nada nos podrá conmover.

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