OBEDEZCAMOS LA LEY DEL AMOR.

 

Criticar o hablar mal de otros, es el pasatiempo favorito de algunas personas alrededor del mundo. Estas personas, siempre están pendientes de la vida de su prójimo, no hay nada que se les escape a sus ojos, o a sus oídos. Siempre tienen algo que criticar. Critican la forma de vestir, la forma de caminar, la forma de hablar, la forma de relacionarse con los demás, e incluso, si no tienen nada que criticar, inventan mentiras, para generar falsos rumores. Entre este grupo de críticos, también se encuentran algunos seguidores de Cristo, por eso a estos malos cristianos, el apóstol Santiago les hace esta exhortación: Hermanos, no hablen mal de los demás. El que habla mal del otro, o lo critica, es como si estuviera criticando a la ley de Dios, o hablando mal de ella. Lo que ustedes deben hacer es obedecer la ley de Dios, no criticarla. Santiago 4:11 TLA.

 

Una de las leyes principales que Dios estableció en el monte Sinaí, fue la Ley del amor. Dios a través de esta ley, determinó que sus escogidos debían amar a su prójimo como a sí mismo. La ley del amor, fue reafirmada por Cristo Jesús durante su ministerio terrenal. Él en sus enseñanzas acerca de la ley del amor fue más allá, pues enseñó a sus seguidores a amar a su prójimo, sin importar si eran amigos o enemigos. El amor que estableció Jesús fue el amor a todo el mundo, sin ninguna clase de discriminación. Por tanto, el apóstol Santiago bajo la inspiración del Espíritu Santo, afirma que hablar mal contra su prójimo, o criticarlo es lo mismo que hablar contra esta ley y condenarla como carente de valor. Una persona que, en vez de amar, critica a su prójimo, quebranta la ley del amor establecida por Dios. Quebrantar una ley deliberadamente es tratarla con menosprecio y desdén. Es lo mismo que decir que la ley no es buena y que no vale la pena obedecerla. El que rehúsa obedecer está diciendo tácitamente que aquello no debería ser ley.

 

El apóstol Santiago nos exhorta a que no hablemos mal de nuestro prójimo, y peor aún que lo critiquemos. El apóstol nos alienta a que amemos a nuestro prójimo y obedezcamos sin criticar la ley del amor establecida por el Señor. Cuando estemos a punto de hablar mal o criticar a nuestro prójimo, recordemos la ley del amor de Dios y digamos algo bueno y edificante sobre ellos. Decir algo beneficioso a otros nos curará de la tendencia de hallar faltas en los demás y aumentará nuestra capacidad de obedecer la ley de Dios.

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