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REFRENEMOS NUESTRA LENGUA

Jun 1, 2022

REFRENEMOS NUESTRA LENGUA.

 

En múltiples ocasiones, nos dejamos dominar por la ira y el rencor albergadas en nuestro corazón, lanzamos dardos venenosos a través de nuestras palabras con el fin de vengarnos de las personas que nos ofendieron, o lastimaron. Al momento de lanzar nuestros dardos, no medimos las consecuencias que pueden tener nuestras palabras en la vida de las personas que las reciben, pues hay algunas palabras que pueden penetrar el alma del hombre y causar un daño profundo en su ser. El hombre que lastime a través de sus palabras será juzgado por el eterno Creador, y esto lo afirma Cristo Jesús: “Les aseguro que en el día del juicio final todos tendrán que explicar por qué hablaron para hacerles daño a los demás.” Mateo 12:36 TLA.

 

Por lo general, la mayoría de personas piensan que las palabras ofensivas que salen de sus labios contra sus semejantes, no son de relevancia en la presencia de Dios, ya que piensan que Dios tiene cosas más importantes que atender que escuchar unas simples palabras ofensivas. Pero para Dios, nada es demasiadamente pequeño como para que Él no esté atento al lenguaje de las personas, y mucho menos si las palabras que pronuncian tienen efectos dañinos en la vida de su prójimo. Jesús hace una advertencia a todos los habitantes de este mundo, pero en especial a sus seguidores. Jesús advierte que todas las personas darán cuentas por todas las palabras ofensivas que pronuncien en contra de otras. Por cuanto las palabras que las personas hayan pronunciado son un medidor preciso de sus vidas, constituirán una base apropiada para la condenación o absolución en el final de los tiempos.

 

Las palabras maliciosas que pronunciamos, aunque parezcan insignificantes, tienen el poder suficiente para lastimar a nuestros semejantes, y llevarnos a la condenación eterna. Por eso, para no ser condenados por nuestras palabras, es importante que no nos dejemos llevar por la ira o el rencor. Debemos aprender a tener dominio absoluto sobre nuestra lengua para no arrepentirnos en el día del juicio. Tomemos muy en serio la advertencia que nos hace nuestro Señor y pidámosle que nos ayude a refrenar nuestra lengua. Porque nuestras palabras sólo deben ser para bendecir a las personas, proclamar el evangelio y glorificar el santo nombre de nuestro amado Señor.

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