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GLORIFICAR A DIOS AÚN EN LAS AFLICCIONES

Feb 8, 2022
GLORIFICAR A DIOS AÚN EN LAS AFLICCIONES.
JOB 1:20  Job se levantó y  rasgó su vestido en señal de dolor; después se rasuró la cabeza y se postró en el suelo para adorar 21  y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo estaré cuando me vaya. El SEÑOR me dio lo que tenía y el SEÑOR me lo ha quitado. ¡Alabado sea el nombre del SEÑOR!. 22 A pesar de todo, Job no pecó porque no culpó a Dios. NTV.
¿Usted tal vez haya escuchado la expresión: Una desgracia nunca viene sola?. Esta expresión señala que una desgracia siempre viene acompañada de otra, que complican aún más la existencia. Muchas personas tal vez hayan experimentado una situación similar. Pero posiblemente ninguna de esas experiencias vividas, podrá asemejarse a las situaciones que tuvo que vivir Job en los tiempos del antiguo testamento. Job era un hombre rico que vivia con sus hijos en la tierra de Uz en el norte de Arabia, en una ciudad amurallada y con grandes puertas. Este hombre era bueno, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Vivía fielmente para honrar y glorificar al eterno Creador. Cierto día, mientras Job estaba en su casa, recibió la visita de cuatro mensajeros con noticias que a cualquiera le desgarraría el alma.
Los mensajeros, uno tras otro, le fueron dando a Job las malas noticias. Job se había mantenido tranquilo en las tres primeras noticias, pero al escuchar al cuarto mensajero, su tranquilidad desapareció, pues el mensaje fue acerca de la muerte de todos sus hijos. Una noticia así a cualquiera le derrumba, Job se había mantenido calmado al saber la pérdida de sus bueyes, burros, camellos, ovejas, trabajadores y sirvientes. Pero no pudo mantener esa calma al saber la muerte de sus siete hijos y tres hijas. Job había perdido casi todo.
Ante tremendas noticias, la mayoría de personas, desahogarían su furia y maldecirían a los ladrones, que hubiesen robado sus animales y matado a sus sirvientes. Se quejarían amargamente y hasta maldecirían a Dios por haber enviado el fuego y la tormenta sobre la casa donde estaban todos sus hijos. Tal vez se sentirían tentados a hacer algo drástico en contra de los demás o de ellos mismos. Pero Job no hizo ninguna de esas cosas. Aunque estaba deshecho por dentro y casi destrozado por las terribles noticias: se levantó, rasgó su ropa, y se rasuró la cabeza, como una señal externa del gran dolor que lo atormentaba en su interior, pero no hizo daño alguno a su cuerpo, ni intentó suicidarse como muchos podrían haber reaccionado, al encontrarse en una situación semejante.
Job en lugar de maldecir por la terrible situación que estaba viviendo, se postró para alabar y glorificar al eterno Creador. Job en medio de su profundo dolor, aceptó su gran aflicción sin ninguna palabra de queja contra Dios, más bien reconoció, que todas las cosas que había tenido en su vida, habían provenido de las manos de Dios, inclusive sus propios Hijos. En definitiva, Job reconoció que Dios era dueño absoluto de todo, y que Él podría disponer de ellos cuando Él lo quisiese. Job agregó :  «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo estaré cuando me vaya.¡Alabado sea el nombre del SEÑOR!.»
Queridos hermanos, Satanás estaba convencido que nadie podía permanecer firme en su devoción y adoración a Dios en medio de las aflicciones. Pero estaba equivocado, pues Job, a pesar de atravesar todas las expresiones normales de dolor, no renegó de su realidad ni tampoco pronunció palabras de maldición contra Dios, más bien aceptó la soberanía de Dios y después de guardar duelo por la muerte de sus hijos, se arrodilló e inclinó hacia la tierra, en una actitud de humildad y sumisión. Job bendijo el nombre de Dios. Hermanos, a muchos nos costará tener la misma actitud de Job en medio de las aflicciones, pero debemos tratar de hacerlo. No debemos aferrarnos a las cosas materiales, ni tampoco a los miembros de nuestra familia. Debemos aceptar la soberanía de Dios y reconocer que Él es el dueño absoluto de todo y que puede disponer de ellos en cualquier momento. Debemos aprender a honrar a Dios en todo momento, aún en medio de nuestras aflicciones.
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