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VALOR Y FORTALEZA

Ene 31, 2022

VALOR Y FORTALEZA.

ESTER 5:1 Al tercer día del ayuno, Ester se puso las vestiduras reales y entró en el patio interior del palacio, que daba justo frente a la sala del rey. El rey estaba sentado en su trono real, mirando hacia la entrada. 2 Cuando vio a la reina Ester de pie en el patio interior, ella logró el favor del rey y él le extendió el cetro de oro. Entonces Ester se acercó y tocó la punta del cetro. 3 Entonces el rey le preguntó: ¿Qué deseas, reina Ester? ¿Cuál es tu petición? ¡Te la daré, aun si fuera la mitad del reino! NTV.

Al tercer día, después de la preparación espiritual con ayuno y oración, Ester se vistió con su vestido real, un estilo digno de su posición elevada. En ocasiones ordinarias la reina podría razonablemente hacer resaltar sus encantos todo lo ventajosamente posible; pero, en esta ocasión, como ella deseaba conseguir el favor del que no solamente era su esposo, sino también el soberano del imperio, tenía que considerar no sólo su seguridad personal, sino también la salvación de sus compatriotas condenados por un efímero decreto.

Ester se armó de valor, y apareció físicamente en el patio interior del palacio sin una previa invitación por parte del monarca. Ester al presentarse en el palacio, estaba arriesgando su vida, ya que no se permitía a nadie que se presente ante el rey, sin una previa invitación. A pesar del posible peligro que le esperaba, Ester se presentó en el palacio porque su confianza estaba en el cuidado y la protección del eterno Creador. Solo la confianza en el Señor puede armarle de valor al cristiano para enfrentarse a los peligros que existen en la vida ministerial.

Cuando el rey vio a la reina Ester, ella obtuvo gracia ante sus ojos; porque reconociendo que solamente un asunto muy importante haría que su reina arriesgara la vida, el rey extendió a Ester el cetro de oro que empuñaba en su mano. Al extenderle el cetro a Ester, el monarca dio la señal de que no solo su intrusión era perdonada, sino de que su visita era recibida con agrado y una recepción favorable a la petición que había venido a presentar. Ester tocó la punta del cetro, pues era la manera usual de reconocer la condescendencia real, y al mismo tiempo de expresar reverencia y sumisión a la augusta majestad del rey.

Jerjes también le prometió a su reina, concederle casi todo lo que ella quisiera, hasta la mitad de su reino. El monarca al contemplar la hermosura de su esposa, se apresuró a prometerle sin siquiera saber cuál sería su petición. La actitud de Jerjes muestra que era un hombre: impetuoso, apresurado, y mujeriego, que siempre se dejaba llevar por la belleza femenina. El eterno Creador uso los defectos del carácter de Jerjes para establecer la situación en la que le iba a dar la liberación de su pueblo amado. Muchos hombres poseen caracteres similares al carácter del rey del imperio persa, pues se dejan llevar por la hermosura de una mujer y hacen promesas que luego no las pueden cumplir.

Queridos hermanos, la reina Ester una vez que terminó el periodo del ayuno y oración, se armó de valor y se presentó ante el rey para interceder por su pueblo. La valentía de Ester fue recompensada, pues el rey extendió su cetro como señal de su gracia. Hermanos, muchas veces tendremos que presentarnos delante de las autoridades para solicitar permisos para proclamar el evangelio con libertad. Cuando llegue ese momento, al igual que Ester, nos tendremos que armarnos de valor y presentarnos ante las autoridades pertinentes y solicitar los permisos para proclamar el evangelio de nuestro Señor con total libertad.

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