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CASTIGO AL IMPRUDENTE

1 CRÓNICAS 20. CASTIGO AL IMPRUDENTE.

1 En la primavera… Joab dirigió al ejército en una serie de ataques exitosos contra la tierra de los amonitas. Durante esas operaciones sitió la ciudad de Rabá, la atacó y la destruyó…. 2 Cuando David llegó a Rabá quitó la corona de la cabeza del rey y la colocaron sobre la de él. La corona estaba hecha de oro con gemas incrustadas… Además, David se llevó un enorme botín de la ciudad. 3 También hizo esclavos a los habitantes de Rabá y los forzó a trabajar con sierras, picos y hachas de hierro. Así trató David a la gente de todas las ciudades amonitas. Luego David regresó a Jerusalén con todo el ejército. NTV.

Después de un año de haber concluido su exitosa batalla contra los sirios, en la primavera de aquel año, David envió a Joab para que les diera el golpe de gracia a los amonitas que se habían refugiado en Rabá. En la antigüedad los reyes salían a la batalla luego de la cosecha de primavera. Era durante este tiempo que el trabajo en el campo se reducía y que los ejércitos podían vivir de lo que producía la tierra. Durante el invierno, ellos planeaban las futuras conquistas. Luego, cuando el clima lo permitía, sus ejércitos salían a la guerra. El ejército hebreo había tomado un respiro de sus batallas, pero una vez que inicio la primavera fueron enviados a dar la estocada final sobre los amonitas.

Los hijos de Amón se encontraban indefensos debido a la campaña anterior, se encontraban arrinconados en la ciudad de Rabá. Joab y el ejército hebreo al llegar al reino, rápidamente asolaron el territorio amonita, tomaron el control de la principal fortaleza y sitiaron por completo la capital, Rabba. El sitio probablemente duró casi dos años. Durante ese tiempo David permaneció en su palacio en la ciudad de Jerusalén. Cuando la ciudad estaba a punto de caer, Joab mandó llamar a David para que dirigiera el ataque final contra la ahora indefensa ciudad.

David entró triunfalmente en la capital de los amonitas, donde años atrás, sus emisarios habían sido ultrajados y avergonzados, por el rey y sus comandantes. David, una vez en la presencia del rey amonita, tomo la corona real, la cual estaba hecha de oro y de piedras preciosas, que tenía un peso aproximado de 56 kilos. Las coronas de reyes orientales, la que se tomó en Rabá, no se llevaba sobre la cabeza, sino que se suspendía con cadenas de oro sobre el trono real.

El rey que había degradado a los emisarios de David ahora fue degradado, y como él era el líder de todo un pueblo, llegó a ser el responsable de la ruina de su pueblo, así como de la suya propia. El rey de Rabá pudo haber recibido la amistad del ungido del Señor, y todo su pueblo hubiera sido bendecido, pero como se había opuesto a David, perdió el derecho a gobernar y su pueblo perdió la libertad. David condenó a los habitantes de aquel reino duramente, ellos se convirtieron en esclavos y fueron asignados a trabajo servil y degradante.

Queridos hermanos, la imprudencia del rey amonita, al oponerse a la amistad sincera de David, ocasiono la destrucción de su reino. En la actualidad, al igual que el rey amonita, muchas personas imprudentemente se oponen al Salvador e insultan a sus enviados al negarse a aceptar su Palabra. Hermanos, nosotros somos los emisarios de Cristo. Él nos ha enviado para alcanzar con su amistad a un mundo al que por naturaleza le repugna reconciliarse con Dios. No importa si en nuestra misión somos degradados, debemos seguir firmes cumpliendo el mandato recibido. El Señor a su debido tiempo, a las personas que se negaron a escuchar el mensaje del amor de Cristo que les hayamos compartido, y a los que nos hayan degradado, ejecutara en sus cuerpos el castigo por sus pecados.

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