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FE Y CERTEZA

Sep 29, 2021

1 CRÓNICAS 5. FE Y CERTEZA

18 Había 44.760 guerreros competentes en los ejércitos de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, hábiles en combate y armados de escudos, espadas y arcos. 19 Hicieron guerra contra los agarenos, los jetureos, los nafiseos y los nodabitas. 20 Clamaron a Dios durante la batalla, y él contestó su oración porque confiaron en él. De modo que derrotaron a los agarenos y a todos sus aliados. 22 Muchos de los agarenos murieron en la batalla porque Dios luchaba contra ellos. Los habitantes de Rubén, Gad y Manasés vivieron en su tierra hasta que fueron llevados al destierro. NTV.

Durante el reinado de Saúl, las dos tribus y media que se habían asentado al occidente del rio Jordán, unieron fuerzas para batallar contra los pueblos que se asentaban alrededor de esas localidades. Entre estas tribus reunieron un ejército de 44.760 hombres hábiles en combate y armados de escudos, espadas y arcos. Este grupo reducido de hombres, batallaron contra los agarenos, los jetureos, los nafiseos y los nodabitas, posibles descendientes de Ismael.

La coalición de estas tribus, tuvo éxito en su locha por hacerse de esos territorios, porque clamaron a Dios antes de enfrentarse a sus enemigos. El ejército conformado por los hombres de Rubén, Gad y Manasés, a pesar de que tenían el instinto y las habilidades necesarias para derrotar a sus enemigos, oraron y buscaron la dirección de Dios para que les cuide, proteja y les ayude durante la batalla. Esta coalición no quiso depender de sus fuerzas para vencer a sus enemigos, más bien, buscaron estar bajo la dependencia del poder de Dios. Las habilidades naturales y desarrolladas que Dios da a cada persona, deben ser usadas para cumplir sus propósitos, pero nunca deben reemplazar la dependencia que debe tener en Dios. Cuando el hombre confía en su propia inteligencia, habilidad y fuerza en vez de confiar en Dios, abre la puerta al orgullo y lo lleva a apartarse de Dios y de sus propósitos divinos.

Con la ayuda de Dios; Rubén, Gad y Manasés, derrotaron a los jetureos, los nafiseos y los nodabitas y se apoderaron de los territorios de esos pueblos. Estas dos tribus y media repoblaron los territorios conquistados y vivieron allí hasta que fueron llevados al destierro. La victoria que estas tribus ganaron fue principalmente espiritual. No confiaron en su potencial humano ni en su armamento, que eran superiores, sino en la Roca de Israel. Él era su Dios, y ellos confiaban en él, orando con fe en lo más reñido de la batalla. Por esta razón Dios hizo que la batalla de ellos fuera su batalla y les dio la victoria.

Dios contestó el clamor de su pueblo, por que vio que en su clamor no había dudas ni vacilaciones. El ejército de estas tribus, en su oración nunca dudó del poder de Dios, ellos tenían la seguridad de que Dios respondería a su clamor y les daría la victoria. Es importante que, en las oraciones dirigidas al eterno Creador, el orante no debe tener dudas albergadas en su corazón. El orante debe tener la certeza plena que sus oraciones van a ser respondidas por el Señor.

Queridos hermanos, las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, oraron con la seguridad de que Dios iba a pelear en contra de sus enemigos y les daría la victoria. Dios contestó la oración de su pueblo, porque su oración fue con una fe profunda, por eso el Señor batallo en contra de los enemigos de su pueblo y les dio la victoria. Hermanos, en las batallas terrenales y espirituales que puedan enfrentar los siervos de Dios a lo largo de sus vidas, Dios no sólo peleará al lado de ellos, más bien Él ara que sus causas sean las suyas. Por eso como siervos del Señor, cuando nos encontremos en medio de una batalla, debemos orar al Señor con todo nuestro corazón y con la seguridad de que Él nos dará la victoria.

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