Devocional

1 REYES 20

DIOS ESTÁ PRESTO PARA SOCORRER.

10 Ben-adad le envió otro mensaje a Acab, que decía: Que los dioses me hieran e incluso me maten si de Samaria queda polvo suficiente… 11 El rey de Israel le envió esta respuesta: Un guerrero que está preparándose con su espada para salir a pelear no debería presumir como un guerrero que ya ganó. 12 Ben-adad y los otros reyes recibieron la respuesta de Acab… ¡Prepárense para atacar!, ordenó Ben-adad a sus oficiales… 13 Entonces un profeta fue a ver a Acab, rey de Israel, y le dijo: Esto dice el SEÑOR: “¿Ves todas esas fuerzas enemigas? Hoy las entregaré en tus manos. Así sabrás que yo soy el SEÑOR”. NTV.

Durante el reinado de Acab en el reino del norte, la perversidad creció en todo el reino. El monarca israelí había decidido vivir de acuerdo a sus propias normas, en vez de seguir las normas de Dios, El permitió que las otras naciones paganas se fortalecieran y llegaran a ser sus enemigos. Tres enemigos principales amenazaron a Israel y a Judá durante los siguientes dos siglos: Siria, Asiria y Babilonia. Los sirios, a las órdenes del monarca Ben-adad, poco a poco habían surgido como una gran potencia militar en Mesopotamia, y rápidamente lograron el dominio de gran parte del territorio del norte de Israel.

Ben-adad, apoyado por una gran coalición, atacó y sitió a Samaria la capital del reino del norte. Incapaz de tomar, la bien fortificada capital, trató de conseguir que Acab accediera a las condiciones usuales de los vencidos. Acab accedió a dar plata, oro y rehenes. Pero, cuando las demandas de Ben-adad fueron creciendo, el monarca israelí, convocó a los acianos y líderes del reino para consultar, si acceder o no, a las nuevas demandas del rey sirio.

Los ancianos de Israel se indignaron por estas demandas e insistieron en no cumplir con las exigencias. Cuando se le notificó a Ben-adad la respuesta de Israel, se enfureció, jactándose de que destruiría a Samaria de tal manera que ni siquiera tendría el polvo para llenar los puños de cada uno de sus soldados. Ante esto, Acab respondió que un soldado que se pone las armas no debe alabarse como si ya hubiera ganado la victoria. Esta burla incitó al monarca sirio y a sus aliados, rápidamente Ben-adad ordenó a su ejército a alistarse para la batalla en contra de Israel.

Ben-adad con sus amenazas, no solo había ofendido al pueblo israelí, si no también al eterno Creador, pues Israel a pesar de su constante rebelión, todavía era su apreciado tesoro. El Señor envió a uno de sus profetas a Acab, asegurándole la victoria. Estas eran las palabras tranquilizadoras que el eterno Creador había dado en el pasado a su pueblo antes de que inicien una batalla en contra de sus enemigos, y nuevamente les daba ahora para que tengan la certeza de que el Señor iba a luchar del lado de Israel. Además, la victoria mostraría a Acab que el Señor era en todos los respectos el poderoso Dios que afirmaba ser. Aunque el pueblo y el rey de Israel habían deshonrado a Dios, Él no los iba a desechar del todo.

Queridos hermanos, ante el peligro que se avecinaba para el pueblo israelí, el eterno Creador en su gran misericordia acudió en su ayuda, aunque no se lo merecían. Al igual que en el pasado, en la actualidad, el eterno Creador está siempre presto para socorrer a todas las personas que se encuentran en peligro. Hermanos, Acab e Israel estaban siendo amenazados por una coalición militar, nosotros no teníamos esa clase de amenazas. Nuestra amenaza era por las huestes espirituales de maldad que gobernaban y gobiernan este mundo. Satanás nos tenía cautivos y estábamos condenados a muerte. Debido a nuestra naturaleza pecaminosa, no acudimos a Dios en busca de ayuda. Pero nuestro Dios misericordioso mostró su amor inmerecido por nosotros al rescatarnos. Envió a su Hijo Unigénito a morir en la cruz para darnos la victoria sobre nuestro enemigo.

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