Devocional

1 REYES 2

EL MEJOR CONSEJO.

1 Cuando ya se acercaba el momento de morir, el rey David le dio el siguiente encargo a su hijo Salomón: 2 Yo voy camino al lugar donde todos partirán algún día. Ten valor… 3. Cumple los requisitos del SEÑOR tu Dios y sigue todos sus caminos. Obedece los decretos, los mandatos, las ordenanzas y las leyes que están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y dondequiera que vayas. 4 Si lo haces, el SEÑOR cumplirá la promesa que me hizo cuando me dijo: “Si tus descendientes viven como debe ser y me siguen fielmente, con todo el corazón y con toda el alma, siempre habrá uno de ellos en el trono de Israel.” NTV.

David deseaba que su hijo Salomón viviera una vida santa y condujera así a Israel en santidad. Por eso, poco antes de su muerte, el monarca le enfatizó la necesidad de hacer que Dios y sus leyes fueran el centro de su vida personal y de gobierno sobre Israel. La obediencia, ejemplificando la vida de santidad, era la condición para experimentar una vida rica y plena próspera y que honrara a Dios. La obediencia era también la condición para el cumplimiento de la promesa de Dios sobre la dinastía de David.

El incondicional pacto davídico fue hecho por Dios con David y fue confirmado a Salomón años más tarde. El Creador prometió la perpetuación de la dinastía davídica en el trono de Israel, siempre y cuando su descendencia lo honraran y lo obedecieran, cumpliendo las leyes e instrucciones establecidas en los escritos de Moisés. Por eso David declaró que la obediencia del rey a la ley de Moisés era una condición necesaria para el cumplimiento de la promesa de Dios.

Moisés a través de la inspiración del eterno Creador, escribió las instrucciones a los reyes que iban a gobernar a Israel en el futuro. El rey tenía que hacer una copia manuscrita de la ley de Moisés y estudiarla diariamente. Pues en ella, los monarcas iban a aprender: cómo llegaron a existir todas las cosas, por qué el mundo está tan lleno de pecado y problemas, y la manera en que Dios prometió repetidamente que iba a enviar al Salvador del pecado. También aprenderían la importancia de ofrecer los diferentes sacrificios y holocaustos a Dios, como recordatorios permanentes del pecado, mientras se esperaba el cumplimiento de la venida del Salvador, Él cual sería el perfecto sacrificio definitivo. Al cumplir esos mandamientos, Salomón demostraría que era un varón cabal y temeroso de Dios.

Dios bendice a todos los que le obedecen y cumplen sus instrucciones. En el caso de Salomón, la bendición iba a ser una larga línea de descendientes que iban a gobernar el pueblo de Dios. El más grande de esos descendientes sería el Mesías, que establecería un reino eterno. En la actualidad, Dios continúa bendiciendo a todos los que escuchan su Palabra y la cumplen. La bendición más grande para el creyente es la vida eterna en la presencia de Dios por toda la eternidad.

Queridos hermanos, David, cuya vida fue un ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios, poco antes de su muerte, dio un buen consejo a su hijo Salomón, para que su reinado sobre Israel tenga las bendiciones del eterno Creador, y así su dinastía permanezca eternamente en el trono de Israel. Hermanos, si anhelan que su descendencia reciba las promesas de Dios, al igual que David, aconseje a sus hijos a que lleven una vida de obediencia a las palabras de Dios. Incentive a que ellos empiecen a tener una estrecha relación con el Creador, que Él se vuelva el centro de sus vidas. David aconsejó a su hijo cuando sus días en este mundo ya expiraban, pero usted no espere los últimos días de su vida para dar los mejores consejos a sus hijos. Aconséjeles hoy mismo en la obediencia a la Palabra de Dios, para que ellos puedan disfrutar junto a usted, el regocijo de honrar y glorificar al eterno Creador.

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