Devocional

2 SAMUEL 16

TOLERAR LAS CRÍTICAS INFUNDAMENTADAS.

5 Mientras el rey David llegaba a Bahurim, salió un hombre de la aldea maldiciéndolos. Era Simei, hijo de Gera, del mismo clan de la familia de Saúl. 6 Les arrojó piedras al rey, a los oficiales del rey y a los guerreros valientes que lo rodeaban. 9 ¿Cómo es posible que este perro muerto maldiga a mi señor el rey? exclamó Abisai, el hijo de Sarvia. ¡Déjeme ir y cortarle la cabeza! 10 ¡No! dijo el rey… Si el SEÑOR le dijo que me maldijera, ¿quiénes son ustedes para detenerlo? 11 … Déjenlo en paz y permítanle que maldiga, porque el SEÑOR le dijo que lo hiciera. NTV.

David y sus acompañantes en su huida del ejército de Absalón rumbo a Jericó, llegaron a Bahurim, una aldea poco más allá del Monte de los Olivos. En esta aldea un hombre de la tribu de Benjamín, y pariente lejano del rey Saúl llamado Simei, salió al paso maldiciendo en gran manera y arrojándole piedras a David, desahogando de esa manera su rabia acumulada y su odio, culpando al monarca hebreo por las calamidades que habían caído sobre la casa de Saúl. Este hombre no sabía las cosas que decía, pues David no tuvo nada que ver en la desgracia que recayó sobre la casa de Saúl. David siempre respeto hasta los últimos días de la vida de Saúl, pues lo reconoció como el ungido de Dios para reinar sobre Israel. Además, había mantenido una estrecha amistad con Jonatán el hijo de Saúl .

Ante la constante palabrería de Simei en contra del monarca, Abisai, uno de los oficiales de David, pidió permiso para cortar la cabeza de Simei, pero el rey no lo permitió. Le dijo que tal vez el Creador le había dicho que lo maldijese. Señaló que, al fin y al cabo, un miembro de la casa de Saúl tenía más motivos por querer quitarle la vida que su propio hijo, Absalón. En este mundo, siempre que alguien sea ofendido de palabras o de hechos, tendrá a alguien a su alrededor que les diga; “¡No tienes por qué tolerar eso, ni soportarlo, tienes que tomar represalia en contra de él!, ¡levántate y lucha por tus derechos! ¡No dejes que te atropellen!”

Ante las maldiciones declaradas por Simei, David tenía dos opciones. Podía sentirse ofendido, dejando que el resentimiento le dominara; o podía manejar la ofensa de acuerdo con los deseos de Dios, e impedir que la ira controlara su persona. Al refrenar la venganza de su impetuoso guarda espalda, David tomó la decisión de no tomar represalias en contra de Simei, más bien dejó que siguiera adelante maldiciéndole, pues consideraba que esto no era más que otra aflicción enviada por Dios. Las palabras de Simei no podían lastimarlo tanto como el tener un hijo rebelde; y posiblemente algún día el Creador iba a convertir estas maldiciones en bendiciones.

Queridos hermanos, ante las palabras de maldición y la crítica injustificada de Simei, David toleró tranquilamente el abuso, mantuvo la compostura, no tomó el asunto como algo personal, no se ofendió, más bien permitió que siguiera adelante con sus palabrerías, confiando en que algún día, Dios cambiaría esas palabras de maldiciones por bendiciones. Hermanos, es más que seguro que en algún momento de nuestras vidas, alguien dirá o hará algo que nos ofenda profundamente. Si dejamos que ello nos moleste o se convierta en motivo de amargura, debemos dudar que realmente comprendamos la necesidad que tenemos nosotros mismos de perdón, o cuánto nos ha perdonado Cristo. Esto nos ayuda a entender por qué David fue: tan paciente, tan perdonador y de tan gran corazón, cuando le llegó la hora de sufrir el mal a manos de otros. Debemos seguir el ejemplo de David y aprender cómo responder a los que nos ofenden, dejando todo en las manos de Dios.

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x