Devocional

2 SAMUEL 7

LAS PROMESAS DE DIOS SON ETERNAS.

22 ¡Qué grande eres, oh Soberano SEÑOR! No hay nadie como tú. ¡Nunca hemos oído de otro Dios como tú! 25 Y ahora, oh SEÑOR Dios, yo soy tu siervo; haz lo que prometiste respecto a mí y a mi familia. Confírmalo como una promesa que durará para siempre. 28 Pues tú eres Dios, oh Soberano SEÑOR; tus palabras son verdad, y le has prometido estas cosas buenas a tu siervo. 29 Ahora que te complazca bendecir la casa de tu siervo para que permanezca para siempre delante de ti. Has hablado, y cuando concedes una bendición a tu siervo, oh Soberano SEÑOR, ¡es una bendición eterna!. NTV.

Los adolescentes y jóvenes cuando están enamorados son capaces de hacerse promesas que muchos veces no llegarán a cumplirse, pero a pesar de que esas promesas no se vayan a cumplir, la persona a la cual le hacen la promesa las creen, solo por el hecho de estar enamorada. Una de las promesas que con más frecuencia se hacen en la adolescencia y la juventud, son las promesas de amor eterno. En el mundo ninguna persona puede cumplir una promesa eternamente, porque el hombre no es dueño de su eternidad. Solo alguien que es dueño de su eternidad será capaz de cumplir una promesa eternamente. Dios es el único ser eterno, solo Él es capaz de cumplir su promesa eternamente. David, el monarca de Israel, reconoció en su corazón que las promesas del Creador son para siempre.

David al haberse consolidado en el trono de Israel, quiso edificar un templo definitivo para la morada del eterno Creador, razón por la cual pidió al sacerdote Natán que consultara a Dios, sobre la estructura que debía tener su templo. Pero el Eterno Creador le negó ese privilegio al monarca hebreo. Muchas personas al recibir la negativa de hacer algo bueno se resienten, pero este no fue el caso de David, más bien ante la negativa a su petición, aceptó la voluntad de su Creador con un corazón humillado. De esta manera David expresó su disposición a escuchar y aceptar todas las instrucciones de Dios.

Dios al negarle a David el privilegio de construir su templo, también le hizo una serie de promesas para él y su descendencia. Le prometió que uno de sus hijos sería quien tenga el privilegio de construir su templo, también le prometió que su hijo tendría un reino estable y fructífero con sobreabundancia de bendiciones. Además, le prometió el reinado de su familia para siempre sobre Israel.

David ante las promesas maravillosas recibidas para su pueblo y su familia, entró al tabernáculo, se postró en oración ante el Señor. El monarca no encontraba palabras para expresarse delante del Señor y no pudo sino reconocer la soberanía del propósito de Dios y su palabra. Alabó a Dios por haber redimido a Israel de la tierra de Egipto, y por haber constituido a Israel como el pueblo escogido de Dios. Oró para que el Señor cumpliera su promesa, y magnificó su nombre. Fue esa promesa lo que dio osadía al rey para orar como lo hizo.

Queridos hermanos, David ante las palabras de Dios, dio por sentado el cumplimento de cada una de las maravillosas promesas hechas por el Creador. Confió de todo corazón que las promesas de Dios serían eternas. Y por eso con acción de gracias, se postró en oración ante su Creador, magnificando su poder, su divinidad y su fidelidad a cada una de sus promesas. Solo Dios es el único que cumple sus promesas sin fallar eternamente. Hermanos, al igual que a David, Dios nos ha hecho grandes y maravillosas promesas para nuestras vidas, Esas promesas son verdaderas y eternas, Él las cumplirá a su debido tiempo sin que lo esperemos, pues fiel a sus promesas es nuestro Señor. ¿Usted cuántas veces le ha dado gracias a Dios por lo que ha recibido y las futuras promesas que recibirá?. Oremos y demos gracias a Dios constantemente por el futuro cumplimiento de sus maravillosas promesas en nuestras vidas.

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