Devocional

JUECES 11

PROMESAS A LA LIGERA.

30 Y Jefté hizo un voto al SEÑOR: Si me das la victoria sobre los amonitas, 31 yo entregaré al SEÑOR al primero que salga de mi casa para recibirme cuando regrese triunfante… 32 Así que Jefté dirigió al ejército contra los amonitas, y el SEÑOR le dio la victoria. 34 Cuando Jefté volvió a su casa en Mizpa, su hija salió a recibirlo tocando una pandereta y danzando de alegría… 35 Cuando la vio, se rasgó la ropa en señal de angustia. ¡Hija mía! clamó. ¡Me has destruido por completo! ¡Me has traído una gran calamidad! Pues hice un voto al SEÑOR y no puedo dejar de cumplirlo. NTV.

Con regularidad las personas realizan promesas a la ligera, promesas en el calor de la ocasión, sin analizar primero si lo podrán cumplir o no. Una vez que pasa el tiempo del fervor, con cabeza fría, empiezan a analizar a qué se comprometieron y se dan cuenta de que nunca debieron haber hecho esa promesa. Jefté con el anhelo de ser proclamado gobernador de las ciudades de Galaad, hizo una promesa al Señor, para que le de la victoria sobre los ejércitos enemigos de Israel.

El ejército de las ciudades de Edom y de Moab se levantaron en contra de las ciudades de Galaad. Estos ejércitos poco a poco fueron invadiendo las ciudades, atemorizando de esa manera a todas las poblaciones de esas ciudades. Los ancianos de Galaad, atemorizados por la crueldad de los ejércitos edomitas y moabitas, fueron en busca de Jefté para que lidere a los hebreos en contra de sus invasores. Los ancianos le ofrecieron a Jefté coronarlo como gobernador de sus pueblos si aceptaba la propuesta. Jefté aceptó la propuesta y entonces en Mizpa fue coronado como gobernador de las ciudades de Galaad y comandante del ejército en presencia del Señor.

Jefté luego de ser coronado, envió un cuerpo diplomático a los líderes de los ejércitos de Edom y de Moab para que se retiren pacíficamente de las ciudades de Galaad. La diplomacia no funcionó con los edomitas y moabitas, pero Jefté no se rindió y envió nuevamente otros mensajeros a donde acampaban los ejércitos enemigos. Nuevamente esta diplomacia fue rechazada. Tras la negativa de los invasores de retirarse pacíficamente, Jefté lideró a los hebreos para expulsar a los edomitas y moabitas de las ciudades de Galaad, pero antes del enfrentamiento, hizo una promesa al Señor si le daba la victoria sobre sus enemigos. Jefté prometió entregar como ofrenda al Señor, al primero que salga de su casa a recibirlo tras la batalla.

Tras la victoria sobre sus enemigos, Jefté volvió a casa y su única hija salió a recibirlo. Jefté cuando vio a su hija se entristeció hasta el punto de rasgar su vestidura. En los pueblos palestinos, el rasgarse sus vestiduras, eran signos de angustia y dolor profundo. Jefté al ver a su hija se acordó de la promesa que le hizo al Señor antes de la batalla, sabía que esa promesa debía ser cumplida, ya que reconocía que la victoria sobres sus enemigos fue por la ayuda del Señor. Jefté era temeroso del Señor y debía cumplir su promesa por más doloroso que fuese.

Queridos hermanos, la promesa irreflexiva de Jefté le trajo angustia y un dolor inenarrable, pues tuvo que entregar a su hija al Señor como sacrificio. Con frecuencia los cristianos al igual que Jefté, en el calor de la emoción o de la agitación personal hacen promesas necias a Dios. Estas promesas pueden sonar muy espirituales cuando las hacen, pero pueden producir sólo frustración y culpabilidad cuando se ven forzados a cumplirlas. Hermanos, no se dejen llevar por el calor del momento, no hagan promesas a la ligera, más bien antes de hacer alguna promesa al Señor, primero analice muy bien lo que le vaya a prometer, para que no se encuentre con una sorpresa como Jefté. Las promesas en el calor del momento le pueden causar angustia y dolor en el momento que deba cumplir su promesa. Eviten el dolor y la angustia innecesaria, nunca hagan promesas a la ligera al Señor.

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