Devocional

Josué 18

EL REGALO DE DIOS.

2 aún había siete tribus a las que no se les había asignado sus porciones de tierra. 3 Entonces Josué les preguntó: ¿Cuánto tiempo más van a esperar para tomar posesión del resto de la tierra que el SEÑOR, Dios de sus antepasados, les ha dado? 4 Elijan a tres hombres de cada tribu, y yo los enviaré a que exploren la tierra y tracen un mapa de ella. Cuando regresen, me traerán un informe escrito con la división que proponen para repartir la nueva tierra que será su hogar. 6 haré un sorteo sagrado en presencia del SEÑOR nuestro Dios para asignarle tierra a cada tribu . NTV.
Después de que los límites de Efraín quedaron establecidos, Josué ordenó a todo el pueblo hebreo que se reuniera en Silo, y erigieron en ese lugar el tabernáculo de reunión, el lugar especial donde Dios habitaría entre su pueblo. Posiblemente este fue el primer lugar donde el tabernáculo se estableció en forma permanente. Se convertiría el centro religioso para todas las tribus, y su ubicación central en la tierra prometida facilitaría la llegada de todos los habitantes de Israel a rendir los cultos de adoración especiales a su Creador y a las festividades anuales establecidas en la ley de Moisés.
Las tribus de Judá y José habían recibido sus asignaciones de herencia en la tierra prometida, al igual que las tribus de Rubén y Gad al oriente del Jordán, pero todavía había siete tribus al occidente del río Jordán a los que no se les había asignado su posesión de herencia. Esta asignación no se había llevado a cabo, pues; algunas de las ciudades de las tierras cananeas seguían habitadas por los nativos de esas ciudades. Israel, después del grito fuerte del “amén” que se dio en Gerizim y Ebal, y de las grandes victorias sobre gran parte de las ciudades cananeas, su ímpetu de las primeras batallas fue decayendo poco a poco, y no prosiguió en la conquista total de la tierra que Dios les había entregado.
Tras las conquistas de las más grandes e importantes ciudades por parte del ejército israelí, los cananeos estaban, en la mayoría de los sitios, tan debilitados que ya no representaban ninguna amenaza, a pesar de eso, Israel, en vez de cumplir el mandato de Dios de destruir a los cananeos, desistieron en seguir adelante y posesionarse de la totalidad de Canaán. Como pueblo nómada, es posible que hayan sido reacios a poblar la tierra, prefiriendo depender económicamente de las personas que debían haber eliminado. Otros quizás tuvieron miedo del alto costo de seguir luchando. Era más fácil y lucrativo comerciar para obtener mercancías que destruir a los proveedores y tener que producir ellos mismos.
Ante esta negligencia del pueblo hebreo, Josué preguntó a algunas de las tribus: ¿Cuánto tiempo más van a esperar para tomar posesión del resto de la tierra que el SEÑOR, Dios de sus antepasados, les ha dado?. Con regularidad las personas aplazan un trabajo que parece grande, difícil, aburrido o desagradable. Pero el seguir aplazándolo muestra una falta de disciplina, mala administración de tiempo y, en algunos casos, desobediencia a Dios. Josué ordenó seleccionar a tres hombres de cada una de las siete tribus, para enviarlos a inspeccionar las ciudades que todavía no habían sido conquistadas. Además, les ordenaría realizar un mapa del territorio inspeccionado, con divisiones justas para las tribus que faltaban recibir su asignación territorial.
Queridos amigos, tras las múltiples victorias en contra de las ciudades cananeas, Israel decayó en su accionar, no prosiguió adelante en la conquista de la totalidad del territorio que Dios les había entregado para que forme una gran nación. Ante esto, Josué incentivo a su pueblo y les dijo ¡Pueblo afortunado! La tierra que Dios les prometió a sus padres, se la ha dado a ustedes. Ahora, ¡muévanse y tomen posesión de su regalo!. Amigo, Jesucristo a través de su muerte en la cruz del calvario, otorgó un regalo especial para toda la humanidad. Un regalo más grande y valioso que el regalo que recibieron los israelitas. Jesús a través de su muerte otorgó el regalo de la salvación y la vida eterna. Usted no sea negligente como el pueblo hebreo, tome posesión hoy mismo de este regalo maravilloso, arrepiéntase de sus pecados y acepte a Cristo Jesús en su vida.
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