Devocional

DEUTERONOMIO 16

SIN PARCIALIDAD.

18 Nombra jueces y funcionarios de cada una de las tribus en todas las ciudades que el SEÑOR te da. Ellos tendrán que juzgar al pueblo con justicia. 19 Por ninguna razón tuerzas la justicia ni muestres parcialidad. Jamás aceptes un soborno, porque el soborno nubla los ojos del sabio y corrompe las decisiones de los íntegros. 20 Que siempre triunfe la justicia verdadera, para que puedas vivir y poseer la tierra que el SEÑOR tu Dios te da. NTV.

En la gran mayoría de los países del mundo, el quebranto de las leyes de la nación, es juzgado por los jueces. Estos hombres tienen el deber de impartir la justicia apegándose a las leyes de cada nación. En un litigio, ellos deben buscar la justicia en favor de la verdad, sin tener favoritismos, por eso, para ejercer esta función, los hombres y las mujeres deben ser electos de acuerdo a sus capacidades de preparación académica, años de ejercicio de las leyes, meritocracia y a una moral intachable. Pero en la mayoría de los países sucede todo lo contrario, ya que la mayoría de los jueces son elegidos por conveniencia al partido dominante de la nación, o en alguno de los casos por sobornos al ente calificador.

El impartir la justicia a través de los jueces, no fue un invento del hombre, pues esta forma de impartir justicia fue implantada por el Creador en la antigüedad. Dios ordenó a Moisés elegir a hombres sabios y de buen testimonio de cada una de las tribus de Israel, para que impartan justicia dentro de la nación. Dios especifica claramente las cualidades que deben tener los hombres para ejercer esta función, pues el trabajo que debían desempeñar demandaba de una rectitud intachable, sabiduría para discernir y tomar decisiones en conformidad a la verdad.

Dios ordenó que los hombres debían ser rectos al momento de impartir justicia, no debían dejarse llevar por las emociones, ni ponerse en favor de alguna persona. Debian juzgar a las personas en igualdad sin tener favoritismo. Además, debían ser íntegros para no dejarse llevar por soborno o favoritismo a alguien en particular, torciendo las leyes a su favor. A lo largo de la historia de la humanidad la perspectiva que tenía Dios al momento de establecer jueces para que juzguen al pueblo, se ha perdido, ya que los hombres que son elegidos para ocupar estas funciones ya no cumplen con las cualidades que Dios demandaba.

En conformidad a la ordenanza de Dios, Moisés decidió repartir entre setenta ancianos la responsabilidad de gobernar y juzgar los pleitos del pueblo. Así fue que la autoridad del pueblo reposaba en jueces y magistrados que debían administrar justicia, no actuando según su parecer, sino de acuerdo con el criterio de justicia que establece Dios, y que el juez tiene que reproducir en el pueblo. Un juez, no debía favorecer al momento de juzgar, no debía ponerse de parte del rico o del pobre, no debía dejarse llevar por las emociones expresadas por parte de los litigantes. Debian ser rectos en todo y buscar siempre la verdad. Esta práctica recta por parte de los jueces garantizaba la vida y la posesión de la tierra prometida.

Queridos hermanos, una sociedad moldeada conforme a la voluntad de Dios trata a los más humildes o a los más ricos con imparcialidad, tratan de impartir justicia en pos de la verdad. Pero a causa de la maldad y el pecado dominante en este mundo, la sociedad actual no está moldeada a la voluntad de Dios, por eso la justicia casi siempre actúa en favor de los más poderosos y ricos. Hermanos, muchas veces en nuestras iglesias, actuamos como jueces, cuando se suscita algún problema entre los miembros de la congregación, ante estos sucesos, debemos tratar la problemática sin ponernos a favor del uno o del otro, debemos actuar con imparcialidad, dejándonos dirigir por nuestro amado señor para encontrar la verdad.

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