Devocional

DEUTERONOMIO 15

GENEROSIDAD HACIA EL PRÓJIMO.

7 Pero si hubiera israelitas pobres en tus ciudades cuando llegues a la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no seas insensible ni tacaño con ellos. 8 En cambio, sé generoso y préstales lo que necesiten. 9 No seas mezquino ni le niegues un préstamo a alguien por el hecho de que se acerca el año para anular las deudas. Si te niegas a dar el préstamo, y la persona con necesidad clama al SEÑOR, serás culpable de pecado. 10 Da al pobre con generosidad, no de mala gana, porque el SEÑOR tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas. NTV.

Alrededor del mundo las personas que han alcanzado un adecuado bienestar económico, han llegado a concluir que el resto de las personas son pobres por su propia culpa. Esta forma de razonamiento, hace fácil que las personas de estratos sociales altos y medio altos cierren sus corazones y sus manos para compartir sus recursos con las personas que menos tienen. El pensar y actuar de estas personas es contraria a la voluntad del eterno Creador, ya que la voluntad del Señor es que en el corazón de las personas reine la generosidad y el amor por el prójimo.

El pueblo hebreo antes de que tomara posesión de la tierra prometida, fue instruido por el eterno Creador para que extienda su mano a los pobres que había entre ellos cuando llegaran a la tierra prometida. Esta era una parte importante de la toma de posesión de la tierra. Un mandamiento para que no exista una amplia desigualdad económica entre los habitantes de una misma nación. Esta ordenanza se debía aplicar a lo largo de toda la nación, para que no exista mendicidad en las calles. En relación con esta ordenanza, se ha conocido que, a lo largo de la historia del pueblo hebreo, que en realidad el pueblo atendía las necesidades de sus compatriotas.

Dios desea que el corazón de las personas sea sensible a las necesidades de su prójimo, Él desea que todos velen por el bienestar común de la sociedad, como un solo cuerpo. Que si está en sus manos ayuden a través de préstamos, pero no con la ambición de sacar provecho sino con el deseo de apoyar para que salgan de la situación de pobreza. El deber de todo hijo de Dios, es ayudar con alegría y regocijo, alejando toda mezquindad de sus corazones. Además, el Señor advierte que si una persona a pesar de tener posibilidades de apoyar a otros, y no extiende su mano, Él lo considerará como un pecado en su presencia.

Las personas a pesar de tener posibilidades para apoyar a otros no son sensibles pues tienen endurecidos sus corazones. Las personas con un corazón endurecido, con mucha frecuencia piensan: Toda mi riqueza me pertenece a mí y no tengo porque compartir con el resto. Estas personas no entienden que en realidad sus riquezas no les pertenecen, pues toda la riqueza del mundo le pertenece a Dios, y Él da a las personas para que las administren con sabiduría y compartan sus bendiciones con los que menos tienen.

Queridos hermanos, si el Señor ha enviado bendiciones a nuestras vidas, debemos compartir esas bendiciones con las personas que lo necesitan, no inventemos razones para no extender nuestras manos a los menesterosos y necesitados de nuestra sociedad. Debemos responder a sus necesidades sin importar qué o quién fue responsable de su condición. Hermanos, si su congregación no tiene un programa para identificar a los pobres y ayudarlos a satisfacer sus necesidades ¿por qué no colabora en la implementación de uno? Y así cumplir la voluntad de nuestro amado Señor. Mostremos el amor y la bondad de nuestro Señor a través de nuestra bondad y generosidad con aquellos que lo necesitan.

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