Devocional

DEUTERONOMIO 1

COMPARTIR LAS BENDICIONES

27 No descuides a los levitas de tu ciudad, porque ellos no van a recibir ninguna asignación de tierra como las demás tribus. 28 Al final de cada tercer año, lleva todo el diezmo de la cosecha de ese año a la ciudad más cercana y almacénalo allí. 29 Dáselo a los levitas quienes no recibirán ninguna asignación de tierra como las demás tribus y también a los extranjeros que vivan en medio de ti, a los huérfanos y a las viudas de tus ciudades, para que coman y se sacien. Entonces el SEÑOR tu Dios te bendecirá en todo tu trabajo. NTV.

Desde un principio, el eterno Creador siempre ha deseado que exista igualdad entre su pueblo, siempre ha deseado que el que más tiene comparta con el que menos tiene y así mantener un correcto equilibrio entre las personas de una determinada nación. Pero la verdad es que el anhelo del Señor no a llegado a cumplirse, pues la mayoría de las personas que son bendecidas, no están compartiendo sus recursos con los necesitados, peor aún, no están compartiendo sus bendiciones para la expansión del reino de Dios.

En el pasado, el eterno Creador, ordenó a su pueblo entregar un diez por ciento de todos sus ingresos al Señor, ya sea de la agricultura, o la ganadería. Esta ordenanza lo hizo, ya que todo, absolutamente todo provenía de sus manos y Él las compartía con su pueblo amado. En la actualidad Dios sigue derramando sus bendiciones a toda la humanidad. El mundo entero tiene que reconocer esta realidad y aceptar que todo proviene de las manos del Creador y a Él le pertenece todas las riquezas.

De entre las doce tribus de Israel, Dios escogió a la tribu de Leví para que se dedicara al servicio a tiempo completo en el tabernáculo. Gracias a este encargo, la tribu de Leví no iba a tener tiempo para dedicarse a la labranza de las tierras o al cuidado de los animales, razón por la cual la tribu de Leví no tendría parte en la repartición de la tierra prometida, por eso, el Creador ordenó al resto de las tribus de Israel para que sustenten a los levitas a través de sus diezmos y ofrendas. Además, ordenó a los israelitas compartir sus bendiciones con los más necesitados: como las viudas, los huérfanos y los extranjeros que vivían en la ciudad. Con este propósito, cada tercer año, en lugar de llevar todo el diezmo al lugar central de adoración, el Señor instruyó a su pueblo para que lo almacenara en sus propias ciudades para el mantenimiento de los levitas y de los necesitados.

A través de estas ordenanzas, Dios deseaba el corazón de su pueblo, deseaba tener la preeminencia en sus vidas. Este mismo anhelo tiene Dios en la actualidad, Él desea tener la preeminencia en el corazón de sus seguidores. Esta preeminencia solo ocurrirá cuando los cristianos reconozcan que todas las bendiciones provienen de sus manos. y le ofrezcan lo primero y lo mejor de lo que han recibido.

Queridos hermanos, a pesar de que algunos elementos de las leyes de Moisés respecto al diezmo ya no se les exigen a los cristianos en la actualidad, ya que la mayoría de esas leyes fueron dadas específicamente al pueblo hebreo. Sin embargo, esto no implica que los cristianos están exentos de presentar sus ofrendas a Dios. La presentación de las ofrendas todavía es requerida por el Señor. Estas ofrendas deben ser planificadas en proporción a las bendiciones recibidas y deben ser entregadas con alegría, el apóstol Pablo en su carta escribe; “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Corintios 9:7). Hermanos, debemos empezar a reconocer que todo lo que poseemos fueron provistos por el Señor, y que Él puso en nuestras manos con el propósito de que seamos de bendición para los que menos tienen. Empecemos a usar lo que Dios nos ha dado para ayudar a los huérfanos, a las viudas, a los extranjeros y a los hombres y mujeres que han decidido entregar sus vidas para servir a Dios.

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