Devocional

NÚMEROS 35

ESCUCHAR LAS VERSIONES.

9 El SEÑOR le dijo a Moisés: 10 … cuando crucen el Jordán para entrar a la tierra de Canaán, 11 designen ciudades de refugio adonde una persona pueda huir si ha matado a alguien por accidente. 12 Estas ciudades servirán como lugares de protección contra los parientes de la víctima que quieran vengar la muerte. No se le quitará la vida al responsable de la muerte antes de que la comunidad lo juzgue. 30 Todos los asesinos deben ser ejecutados, pero sólo si las pruebas son presentadas por más de un testigo… 31 Tampoco se aceptará el pago de rescate… NTV.

Muchas veces el dolor por la pérdida de un familiar nubla el juicio de las personas, más aún al saber que la muerte fue ocasionada por una persona en particular. Movidos por el dolor y la ira, la mayoría de los afectados no buscan justicia, por lo contrario, buscan vengarse del causante de la muerte de su familiar, cobrar vida por vida. En esta búsqueda pierden cualquier razonamiento, no son receptivas para escuchar argumentos o justificaciones, ni tampoco saber si fue un accidente o intencional, solo desean acabar con la vida del agresor, dejando la justicia de un lado.

El eterno Creador es justo y deseaba que su pueblo practique esa justicia, que no actúen con venganza en contra de algún agresor sin haber realizado un juicio de descargo en contra de ellos. Por eso, ordenó a Moisés designar ciudades de refugio para las personas acusadas de un crimen. Las ciudades de refugio representaban la preocupación y provisión de Dios de justicia en una cultura que no siempre protegía al inocente. El Creador deseaba que antes de que una persona sea condenada por un delito, pueda acceder a un juicio justo.

El beneficio especial de la ciudad de refugio era que esta iba a ser un lugar seguro para la persona que insistía en que había matado a otra por accidente. Con base en la pretensión de homicidio involuntario, la persona podía entrar en la ciudad de refugio. Allí podía permanecer segura hasta que tuviera la oportunidad de ser juzgada delante de la asamblea. Mientras la persona acusada de un crimen no era juzgada en conformidad a la ley decretada por el Creador, el pueblo tenía la obligación de proteger al acusado para que no sea asesinado por algún familiar de la víctima.

Para que una persona sea condenada de algún crimen, el Creador determinó que debían presentarse dos testigos que testificasen en contra del agresor durante el juicio. Estos testigos debían rendir su declaración afirmando o no la intencionalidad del acusado de querer asesinar, en caso contrario, el juicio no podía llevarse a cabo y el acusado podía quedar libre de los cargos. Una vez que se determinaba que el asesino había tenido la intención de matar, debía ser condenado a muerte. El huir a una ciudad de refugio no libraba a la persona del castigo de asesinato premeditado. El condenado tampoco podía pagar una fianza para librarse del castigo, debía ser ejecutado por su crimen.

Queridos hermanos, el Creador en su perfecta justicia, a través de estas ciudades de refugio, quiso dar posibilidades a las personas para que se puedan resguardar de sus victimarios antes del dictamen de un juicio. Deseaba que las personas puedan acceder a un justo juicio y defenderse de las acusaciones y demostrar que el asesinato fue accidental. Hermanos, muchas veces nosotros precipitadamente determinamos la culpabilidad de una persona al ver solo una parte de la evidencia y no nos detenemos a pensar que puede haber algo más que pueda aclarar la situación. Nosotros antes de tomar postura cuando alguien sea acusado de haber hecho algo incorrecto, tomemos partido por la justicia, protejamos a los que no han sido hallados culpables y escuchemos con cuidado toda la versión de la historia.

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