Jesus Is Life

NÚMEROS 19

LA PURIFICACIÓN.

1 El SEÑOR les dijo a Moisés y a Aarón: 2 … díganle al pueblo de Israel que traigan una novilla de color rojizo, un animal perfecto…3 Entréguenla al sacerdote Eleazar, para que sea llevada fuera del campamento y matada… 5 La novilla se quemará por completo…6 … el sacerdote Eleazar tomará un palo de cedro, una rama de hisopo y un poco de hilado de color escarlata y los arrojará en el fuego… 9 Luego, alguien que esté ceremonialmente puro recogerá las cenizas… y las depositará fuera del campamento en un lugar ceremonialmente puro. Las conservarán allí para que la comunidad de Israel las use en el agua para la ceremonia de purificación… NTV.

El Creador cuando creó a los seres humanos, los creó para que vivan eternamente como Él es eterno, pero cierto día en el huerto de Edén la eternidad fue interrumpida por la incursión del pecado en la vida de las personas. Y así el pecado introdujo la muerte física del hombre y también provocó la separación espiritual entre la humanidad y su Creador. La muerte entró al mundo como castigo por el pecado y pasó a ser la mas fuerte de las impurezas en la presencia de Dios. La muerte se convirtió en el resultado final del pecado.

Un israelita, con el solo hecho de tocar un cadáver, o incluso tocar a un hueso humano o una tumba, quedaba ceremonialmente impuro durante siete días. La persona impura, era excluida durante siete días de la vida religiosa del pueblo y también se la aislaba de la sociedad, ya que cualquier persona que llegara a tener contacto con ella quedaría impura. En los días tercero y séptimo se tenían que seguir el ritual de la purificación para restaurar a la persona al estado de limpieza.

Las personas impuras no podían rendir adoración al Creador. Dios es un ser santo y solo puede recibir adoración de personas santificadas. Las personas impuras para ofrecer sacrificios y adorar a Dios, debían purificarse a través del ritual de la purificación. Para este ritual de purificación se requería un sacrificio especial de un ganado vacuno. Esta ofrenda especial debía ser quemada por completo en el altar. A este holocausto, el sacerdote debía agregarle un palo de cedro, una rama de hisopo y un poco de hilado de color escarlata. Una vez consumido todo el sacrificio, sus cenizas se usaban como un filtro a través del cual se vertía el agua para ser purificado. La persona impura se debía bañar en esta agua purificada y así restauraba su pureza.

En la actualidad las personas no tienen que cumplir el ritual de la purificación dado a los hebreos para limpiarse de sus pecados, ya que, gracias a la muerte y la resurrección de Cristo, la muerte fue sorbida con victoria para los creyentes. A causa de la victoria en Cristo Jesús, la muerte ya no puede derrotar a los creyentes, más bien en Cristo ésta llega a ser la puerta de entrada al reino celestial. Por lo tanto, ahora la muerte es una victoria mediante la cual los creyentes entran en la presencia del Señor por toda la eternidad.

Queridos hermanos, en el pasado el pueblo hebreo encontraba su purificación a través de las cenizas de una novilla que era sacrificada. Si las cenizas de un animal purificaban a las personas. En la actualidad mucho más poder tiene la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios. La sangre de Cristo limpia la conciencia de obras muertas del hombre para que sirvan al Dios vivo. Hermanos, “así que tenemos libertad para entrar en el Lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne. También tenemos un gran sacerdote sobre la casa de Dios. Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura.” Hebreos 10:19–21.

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