Devocional

LEVÍTICO 27

ANTES DE PROMETER.

2 Da las siguientes instrucciones al pueblo de Israel: 14 Si alguien dedica una casa al SEÑOR, el sacerdote irá para valorarla. El cálculo del sacerdote será definitivo, ya sea alto o bajo. 15 Si la persona que dedicó la casa quiere volver a comprarla, tendrá que pagar el valor fijado por el sacerdote, más un veinte por ciento. Entonces la casa volverá a ser suya. 28 … todo lo que se haya apartado especialmente para el SEÑOR … nunca deberá ser vendido ni rescatado. Todo lo que se consagre de esta manera ha sido apartado como santo y le pertenece al SEÑOR. NTV.

En el pasado, se les requirió a los israelitas que dieran o consagraran ciertas cosas al Señor y a su servicio: los primeros frutos de sus cosechas, los animales primogénitos, los hijos primogénitos, el diezmo de su ganancia. Ante esta solicitud muchos israelitas deseaban ir más allá y consagrarse ellos mismos o consagrar a otro miembro de la familia, animales adicionales, una casa o un campo a Dios. Algunas personas movidas por un corazón generoso hacían votos impulsivos o poco realistas, que luego no las podían cumplir.

Algunos israelitas, después de haber donado ciertas cosas para la obra de Dios, se arrepentían y deseaban recuperar sus cosas, por eso, el Creador a través de su siervo Moisés decretó algunas ordenanzas y así reglamentar la recuperación de algunas cosas donadas al Señor. Las personas podían volver a comprar lo donado al precio valorado por el sacerdote y se imponía una penalidad del veinte por ciento. Esta penalidad era justamente para que los israelitas reflexionaran antes de donar algo para la obra del Señor.

Muchas veces, los israelitas realizaban promesas de donar propiedades: como casas o terrenos para la obra de Dios, pero si después de algún tiempo, deseaban recuperar esa propiedad o redimirla tenían que pagar no solamente el valor de la propiedad, sino también tenían que pagar adicionalmente la quinta parte del valor calculado. En los tiempos del antiguo testamento, una propiedad podía ser donada como ofrenda voluntaria de un modo que se asemeja a la forma en que hoy en día las personas dan propiedades por medio de un testamento o donan lo obtenido en la venta de una propiedad a la iglesia o a organizaciones cristianas.

Las cosas donadas, al momento de que se consagraban, se convertían en algo apartado irrevocablemente para el Señor. Se convertía en cosa santísima para el Creador y como tal no podía ser vendido ni rescatado. Consagrar algo a Dios era mucho más solemne que una dedicación ordinaria. Consagrar, es decir, condonar, era comúnmente el resultado de las instrucciones de Dios y por lo tanto era diferente de los actos de dedicación personal al servicio del Señor. En la actualidad, aunque ya no se haga votos con en el período del antiguo testamento, es importante que se dé cuenta que cualquier promesa que se haga a Dios es un asunto solemne que se debe cumplir.

Queridos hermanos, en el pasado, el eterno Creador dio una serie de mandamientos, normas y ordenanzas a su pueblo al pie del monte Sinaí. De estos mandamientos podemos aprender mucho acerca de la naturaleza y el carácter de Dios, las cuales son útiles para nuestras vidas de relación con Él. En la actualidad Dios nos sigue hablando a través de las palabras del libro de Levítico, porque Dios no ha cambiado y sus principios son para todos los tiempos. Hermanos, antes de prometer algo de nuestra propiedad para la obra de Dios, pensemos muy bien, para no arrepentirnos después y faltemos a nuestras promesas. Seamos serios con nuestras promesas al Señor y cualquier promesa de dar para la obra de Dios que hayamos hecho en el pasado, tratemos de cumplir lo más pronto posible, porque el Señor no se complace de los mentirosos.

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