Devocional

LEVÍTICO 25

GENEROSIDAD HACIA EL PRÓJIMO.

35 Si alguno de tus hermanos israelitas se empobrece y no puede sostenerse a sí mismo, ayúdalo como lo harías con un extranjero o un residente temporal y permítele vivir contigo. 36 No le cobres intereses ni obtengas una ganancia a costa de él. En cambio, muestra tu temor a Dios al permitirle que viva contigo como si fuera un pariente. 38 Yo soy el SEÑOR tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto para darte la tierra de Canaán y para ser tu Dios. NTV.

Las personas se han vuelto indolentes ante las necesidades de los de más, sus corazones se han endurecido, se han vuelto de piedra. La generosidad cada vez más y más se va perdiendo en el corazón de los hombres. Algunas personas a pesar de querer ser generosos con los demás no lo son, pues sienten que su situación económica no es óptima como para compartir los pocos recursos que tienen. Pero hay otras personas que, a pesar de tener recursos económicos óptimos, no desean compartir sus recursos con otras personas que no sean ellas mismas.

Al leer las escrituras, el eterno Creador hace mucho énfasis en la ayuda a los pobres y desamparados, a los extranjeros, y especialmente a los huérfanos, a las viudas e incapacitados. En la sociedad israelita, a las mujeres no se les pagaba por el trabajo que realizaban; así, una viuda y sus hijos no tenían cómo vivir. Tampoco había trabajo para los seriamente incapacitados en esta nación de granjeros y pastores. Ellos necesitaban de corazones generosos para seguir viviendo. Dios al ver esa realidad dentro de su pueblo, deseaba que las personas que habían sido bendecidas con recursos materiales, sean de bendición para las personas que menos tienen. Dios aboga en favor de las personas necesitadas, y esto lo hizo saber a su pueblo, para que ellos estuviesen pendientes para brindar su ayuda a su prójimo.

En conformidad a las ordenanzas de Dios, en la cultura hebrea no se debía permitir la pobreza permanente. Las familias financieramente solventes eran responsables de ayudar y amparar a los que estaban en necesidad. Si alguno de sus hermanos empobrecía, los israelitas debían ayudarlo de la manera como hubieran ayudado a un extranjero o a un residente temporal. No debían tomar ventaja de los pobres cobrándoles intereses sobre un préstamo o vendiéndoles comida con ganancia. Ellos no debían apartarse de los que pasaban por tiempos difíciles, sino que más bien debían ayudarlos de todas las maneras posibles.

Muchas veces las personas a pesar de condolerse y de querer hacer algo en favor de los necesitados, no lo hacen, ellos esperan a que el gobierno o alguna organización no gubernamental se encargue de la problemática, dejando así el hacer el bien en manos de otras personas. Hay otro grupo de personas que se sienten abrumados por el tamaño del problema y no saben por dónde comenzar, por lo cual nunca toman acciones en favor de los necesitados. Sin duda, Dios no espera que usted elimine la pobreza, ni tampoco que descuide a su familia para proveer para otros. Sin embargo, Él espera que cuando usted vea a alguien con necesidad lo ayude de la manera que pueda, incluyendo la hospitalidad.

Queridos hermanos, en el pasado, Dios ordenó al pueblo hebreo, cuidar de sus hermanos y hermanas en la fe en los tiempos de necesidad, esa misma ordenanza es para los cristianos en la actualidad. Hermanos, nosotros debemos brindar apoyo a las personas necesitadas, compartiendo las bendiciones que Dios ha puesto en nuestras manos. Esta ayuda debe ser sin ninguna clase de interés personal, debemos comenzar apoyando a nuestros familiares que están más cerca de nosotros, luego con nuestras familias de la fe, “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe” Gálatas 6:10.

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