Devocional

LEVÍTICO 22

OFRENDAS SAGRADAS

2 Dile a Aarón y a sus hijos que sean muy cuidadosos con las ofrendas sagradas que los israelitas apartan para mí, a fin de que no deshonren mi santo nombre. Yo soy el SEÑOR. 9 Los sacerdotes deberán seguir mis instrucciones cuidadosamente. De lo contrario, serán castigados por su pecado y morirán por desobedecer mis instrucciones. Yo soy el SEÑOR quien los hace santos. NTV.

La mayoría de las personas no son cuidadosas con las cosas regaladas, pues no tuvieron que invertir su tiempo, ni el dinero para adquirirlas. Pero son más cuidadosos con las cosas por las cuales tuvieron que pagar, pues tuvieron que sacrificar su tiempo trabajando o ahorrando para adquirirla. Las cosas regaladas o adquiridas, deben ser valoradas por igual, pues las personas para dar algún tipo de regalo, tienen que trabajar para juntar el dinero y adquirirlo. El valorar y cuidar las cosas regaladas, es sinónimo de aprecio al corazón generoso de los demás.

En la época del antiguo testamento, el Creador estableció una serie de ofrendas que el pueblo hebreo debía presentar al Señor. Estas ofrendas debían ser entregadas en las manos de los sacerdotes, para que ellos a su vez realicen los rituales ceremoniales correspondientes para ofrecer esas ofrendas al eterno Creador. Las ofrendas entregadas por los israelitas a los sacerdotes debían ser consideradas sagradas, pues eran para ofrecerlas al único Dios verdadero y no a cualquier otra divinidad creada por manos humanas.

El Creador valoraba el ofrecimiento sincero de las ofrendas por parte de su pueblo, por eso, dio una serie de instrucciones a su siervo Moisés, para que él los transmita a todos los sacerdotes del pueblo hebreo. Dios ordenó a los sacerdotes, para que todas las ofrendas que entregasen los israelitas sean considerados sagrados. por lo cual, ordenó tratar las ofrendas con sumo cuidado, para que estas no se estropeen antes de presentarlas en la presencia del eterno Creador.

Para Dios, todas las ofrendas son valoradas siempre y cuando sean ofrecidas de corazón. El Señor, no ve la cantidad de la ofrenda, Él escudriña el corazón del ofrendante para apreciarlo, al contrario de las personas. Las personas valoran la cantidad más que el corazón generoso del ofrendante. Esta realidad se puede palpar en algunas congregaciones cristianas, pues las personas que más ofrendan, son estimadas y apreciadas, muchas veces se convierten en ofrendantes intocables. Lo contrario sucede con las personas que menos ofrendan, algunos de ellos ni siquiera son tomados en cuenta como parte de la congregación.

A través de esta orden, Dios mostró lo valioso que eran las ofrendas de su pueblo, sin importar lo que ellos habían ofrendado, los sacerdotes tenían que tener sumo cuidado para no estropear las ofrendas entregadas. Si algún sacerdote por algún motivo llegaba a estropear alguna de las ofrendas entregadas por el pueblo, Dios consideraba que el sacerdote estaba deshonrando su santo nombre. Esta deshonra podía ser castigada con la muerte del sacerdote.

Queridos hermanos, dentro de las congregaciones cristianas, hay muchos miembros que no ofrendan, pues sienten que Dios no va aceptar lo poco que le pueden ofrecer, además sienten que pueden ser causa de burla por parte de la congregación por su ofrenda. La verdad es que Dios valora cada una de nuestras ofrendas, no importa la cantidad que ofrendemos, Él escudriña nuestro corazón. Si nosotros entregamos nuestras ofrendas con alegría y con un corazón agradecido, Dios lo va aceptar y se va a complacer con nuestra ofrenda. Hermanos, si alguno de nosotros formamos parte de la junta administrativa de nuestras iglesias, valoremos a los miembros por igual, no veamos la cantidad de ofrenda que den. Dios valora todas las ofrendas de su pueblo, de igual manera nosotros debemos valorar las ofrendas que ingresen a la iglesia, sabiendo que esas ofrendas son consagradas para la obra del eterno Creador.

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