Devocional

LEVÍTICO 4.

SACRIFICIO PERFECTO.

1 El SEÑOR le dijo a Moisés: 2 … de esta manera deben proceder con aquellos que pecan involuntariamente, al que viola uno de los mandatos del SEÑOR. 13 Si toda la comunidad israelita peca… 14 deben llevar … una ofrenda por su pecado y presentarlo ante el tabernáculo. 15 … los ancianos de la comunidad pondrán las manos sobre la cabeza del becerro y lo matarán ante el SEÑOR. 16 … el sumo sacerdote… 17 mojará su dedo en la sangre y la rociará siete veces ante el SEÑOR… 20 … Mediante este proceso, el sacerdote purificará a los israelitas y los hará justos ante el SEÑOR, y serán perdonados. NTV.

En mi época de escuela, tenía muchos compañeros a los cuales les gustaba jugar tiro al blanco. En ese juego, ellos apostaban cuál de ellos sería el primero en dar con una pelota a un círculo pintado en la pared. Cierto día, seis de mis compañeros empezaron a jugar este juego, por más de media hora. Cada uno de ellos se iba turnando para tratar de dar en el blanco. Los intentos de dar con la pelota en el circulo pintado en la pared fueron inútiles, pues después de cierto tiempo se rindieron y nadie ganó la apuesta.

En el pasado, Dios estableció un pacto con el pueblo hebreo, en este pacto, el pueblo hebreo se comprometía a obedecer cada una de las normas, leyes y mandamientos ordenados por el Creador. El pecado era justamente el incumplimiento o la violación del pacto que Dios había establecido. La palabra hebrea que se traduce como pecado, significa básicamente un tiro al blanco fallido. Cuando una persona peca, falla en cumplir con el propósito de su existencia, es decir, vivir en perfecta obediencia a los mandamientos de Dios y ser santo como Dios es santo.

La consecuencia de violar el pacto establecido era la muerte, pero Dios en su gran amor y misericordia por su pueblo, estableció las ofrendas por el pecado, para que el hombre pecador pueda alcanzar la justificación, la purificación y el perdón de su pecado. Las ofrendas por el pecado, Dios lo estableció especialmente para expiar los pecados cometidos sin intención, es decir, no por desafiar a Dios sino por debilidad y sin premeditación. Las personas que desafiaban intencionalmente a Dios, no podían acceder al perdón y justificación a través de esta ofrenda, ellos debían recibir su castigo por su rebelión a las órdenes del Creador.

El pueblo hebreo, constantemente fallaba en cumplir las normas, leyes y mandamientos ordenados por el Creador. Por eso, frecuentemente todo el pueblo tenía que ser justificado y purificado. Para su purificación, todo el pueblo debía llevar un becerro como una ofrenda por su pecado y presentarlo ante el tabernáculo. En este caso como representantes del pueblo, los ancianos de la comunidad debían poner las manos sobre la cabeza del becerro y lo debían matar ante el SEÑOR. luego, el sumo sacerdote culminaba con el ritual de la ofrenda por el pecado. Como resultado de esta ofrenda, la congregación tenía la seguridad del perdón, y la relación del pacto era restablecida.

Para los creyentes de todo el mundo, la ofrenda por el pecado tiene su cumplimiento en el sacrificio de Cristo en la cruz del calvario realizado hace más de dos mil años. Cristo Jesús vino a este mundo a dar su vida en rescate por toda la humanidad pecadora. Cristo por su amor a la humanidad se entregó a sí mismo como ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Este sacrificio lo hizo una vez y para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

Queridos hermanos, es muy consolador saber que: con la muerte de Cristo en la cruz, se ofreció una vez para siempre la única expiación suficiente por nuestros pecados. Gracias este sacrificio, nosotros fuimos purificados de nuestros pecados con su sangre, ya no seremos juzgados cuando nos presentemos en la presencia de nuestro Creador. Hermanos, a pesar de haber recibido a Cristo en nuestro corazón, diariamente pecamos, de muchas maneras diferentes. Pero ahora sabemos que no tenemos que presentar ofrendas por el pecado, ya que la sangre de Cristo fue el precio perfecto de rescate. Él sufrió la ira del Padre por todos los pecados, de tal manera que podemos disfrutar de la presencia de Dios para siempre.

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